Cuando los demás grupos británicos apostaban por el R&B a principios de los años 60, Ray Davies y su hermano Dave inventaron el hard rock con los guitarrazos memorables de “You Really Got Me”. Luego, en plena fiebre psicodélica, Ray y sus muchachos se deleitaron en regalarnos hermosas estampas bucólicas de la campiña británica y certeros retratos costumbristas de sus compatriotas. A principios de los años 70 el rock progresivo campaba por sus respetos, pero una vez más los Kinks fueron a la contra con una gloriosa serie de discos conceptuales en los que primaban el gusto por el vodevil, el music-hall y la opereta. Los Kinks, siempre los Kinks, el grupo más idolatrado de la historia por una legión de fans que ya somos más que legión. Ahora, las páginas de Mojo y otras revistas de postín anuncian la posible, la ansiada reunión del grupo, limadas las eternas asperezas entre los hermanos Davies, que también en esto fueron precursores.

Para celebrar el notición, hemos preparado 5 pinceladas kinkalleras.

1. ¿Dónde se esconden los herederos inconfesables de Ray Davies?

Ray Davies abundó en la línea de “You Really Got Me” con números asfixiantes como “All Day And All Of The Night”, “I Need You” o “Till The End Of The Day”, que influyeron decisivamente en la carrera de bandas tan diferentes como The Who, Led Zeppelin o The Doors (¿cuánto hay de “All Day And All Of The Night” en el estribillo de “Hello I Love You”?). Un asunto espinoso, del que Ray Davies se quejaba con cierta amargura hace años en una entrevista en Record Collector: “Eddie Kassner, nuestro editor, me recomendó que demandáramos a The Doors, pero yo le dije que se olvidara del asunto. Sin embargo, deberíamos haber hecho algo con ‘I Can’t Explain’, de The Who. No tanto por la canción en sí como por el estilo de su música. Cuando se llamaban The High Numbers, tocaron muchas veces de teloneros en nuestros conciertos y su música no tenía nada que ver con “I Can’t Explain”. Un buen día, volvíamos de una gira fuera de Inglaterra, escuchamos esa canción en la radio y el propio Dave creyó que éramos nosotros. De hecho, utilizaron a nuestro productor, Shel Talmy, a nuestros músicos de sesión y a nuestro propio pianista, Nicky Hopkins. La única razón por la que pasamos del asunto fue que Keith Moon nos encantaba, era tan divertido, tan original y tan agradable… Pero me parece que The Who hicieron algo mucho peor que robar una canción: ellos se apropiaron de todo un estilo”. Como también lo harían años después, con enorme talento, por cierto, Madness, The Jam, Oasis, Blur y muchos más representantes de las huestes del brit pop.

Por cierto, hay mucho de la legendaria inquina entre Ray y Dave Davies en la enemistad manifiesta de los hermanos Gallagher, de Oasis. Al menos, los Davies tuvieron el coraje de explicar su particular relación en una pieza vitriólica del álbum Phobia, titulada “Hatred (A Duet)”: “Te empeñas en acusarme / de conducir tu vida a la miseria, / pero si eso no es abusar de mí, ¿qué lo será? / Quieres ser mi amigo, pero ya es demasiado tarde, / mi cariño hacia ti se ha convertido en odio. /… / El odio, él es lo único que nos mantiene juntos / El odio, el odio es lo único que dura eternamente”.

2. ¿Pero alguna vez estuvieron de moda The Kinks?

Mediados de los años sesenta. En escena, The Kinks se mostraban arrogantes e intratables, cuatro camorristas cockneys convencidos de su superioridad. En disco, alternaban la dureza con las lecturas sarcásticas y agridulces de la envarada sociedad británica de la época: trallazos proletarios del calibre de “Dead End Street” convivían sin problemas con gloriosas estampas costumbristas como “A Well Respected man”, “Dedicated Follower Of Fashion”, “Sunny Afternoon”, “Tired Of Waiting For You” o la sensacional “Waterloo Sunset”. Ya lo dijo Nik Cohn: “Davies nunca ha estado muy de moda y siempre ha sido despreciado por los sofisticados y hippies de todas partes. No escribe acerca de nada en especial, sino de pequeñas vidas y pequeños placeres. Es un romántico total, pero siempre refleja cierta malicia; parece reírse de sí mismo. The Kinks empezaron como si fueran a ser los peores de todos, y llegaron a ser probablemente los mejores”. No, decididamente, The Kinks siempre hicieron gala de aquello que pregonó a los cuatro vientos una de sus mejores composiciones de los años 60. “I’m Not Like Everybody Else”.

¿Y qué ocurrió en la década siguientem cuando The Kinks grabaron aquella larga serie de maravillosos e infravaloradísimos discos conceptuales, desde los dos Preservation hasta Schoolboys In Disgrace y Soap Opera? Responde el propio Ray Davies: “Realmente nunca estuve muy contento en los años sesenta. Ya lo ves, nunca fui feliz. Me sentí más liberado hacia el final de los setenta. Creo que los años sesenta fueron una especie de timo, todas esas cosas del nuevo mundo, todos con sus maravillosos ideales, y las clases trabajadoras tomando parte en el asunto. Todo una mierda podrida. Al menos, ésa es mi teoría, no me gustó nada de lo que ocurrió”.

3. ¿Es verdad que The Kinks fueron los mejores, o sólo es una pose de sus incondicionales?

Lo fueron, sin duda, especialmente entre 1966 y 1968, poco más de dieciocho meses brillantes y fértiles, que alumbraron tres álbumes memorables, obras maestras indiscutibles de la historia del rock: Face To Face, Something Else By The Kinks y The Kinks Are The Village Green Preservation Society. Un colosal ejercicio de estilo, casi tanto como el descomunal batacazo comercia que se pegaron con el último de la citada terna, hoy impensable dadas las restricciones comerciales del mercado, mucho más increíble incluso si pensamos que Ray tuvo que desechar buena parte de las canciones escritas para el último de los discos, que luego reaparecerían en el legendario y buscadísimo The Great Lost Kinks Album y en grabaciones dispersas para la BBC.

O en otros tres discos maravillosos del período 1969-1971, Arthur, Lola y Muswell Hillbillies, preñados de historietas más parecidas a las abracadabrantes viñetas de 13 Rue del Percebe que a los clásicos rimbombantes con que otros ajusticiaban el pop en sus delirios por pasar a la historia. Como confesara el propio Ray: “A mí siempre me encantaron el music-hall y las variedades. De pequeño procuraba escaparme del circo y de los típicos espectáculos para niños. Yo quería estar donde había vida de verdad, donde se mascaba la música del pueblo. Desgraciadamente, ese espíritu se fue al garete cuando el país empezó a desclasarse: de repente, toda aquella gente se compró dos coches y dos televisores, sus hijos fueron a la universidad, y parece que les diera pánico mirar atrás, al lugar de donde venían”.

4. ¿Y dónde encajamos artísticamente a Ray Davies?

Lo cierto es que el Ray Davies camaleónico y expresivo de los años setenta no terminaba de encajar en ningún esquema artístico al uso. Los productores televisivos le utilizaron sin llegar a aprovechar sus estupendos guiones, y el cine y el teatro lo esquivaron, salvo en la fallida Percy, de la que el cantante prefiere olvidarse. Una indignidad, a la vista del inmenso talento que ha demostrado posteriormente: por ejemplo, en el reportaje que dirigió para el Channel 4 sobre la grabación del álbum de tributo a Thelonius Monk producido por Hal Willner; o en el mediometraje Return to Waterloo, producido también para el Channel 4, que narra las vivencias entre surrealistas y cotidianas de un pasajero que toma el tren en la estación de Guilford y lo abandona en la de Waterloo.

No, Raymond Douglas Davies no responde al arquetipo de artista de rock: cultivado, inteligente, irónico y descreído, su talento sobrevuela por encima del común de sus coetáneos. Lo demuestra en sus discos y también en su originalísima autobiografía, titulada X-Ray, publicada en 1994 por la editorial Viking y reeditada un año después en la popular colección Penguin Books.
Unas memorias noveladas, cuyo hilo conductor es la investigación sobre su figura perpetrada por un inocente periodista a sueldo de una extraña organización llamada The Corporation. De este modo, dialogando con su joven álter ego, Ray puede presentarse con cierta distancia como un anti-ídolo nihilista y burlón y desarrollar sus amargas reflexiones sobre la vida y la industria musical. Abundan las historias ejemplarizantes y los retratos mordaces, pero que nadie espere la típica biografía hinchada de datos y fechas. De hecho, el libro acaba a mediados de los años setenta, con la supuesta muerte de Ray, destrozado tras el divorcio de Rasa y empapado de cerveza Kronenbourg en la Circle Line del metro londinense (un episodio no tan alejado de la realidad: Ray estuvo a punto de suicidarse en 1973, tras su desgraciada crisis matrimonial).

Un Ray Davies que no se cansa de escribir. Muy recomendables sus otros dos libros: Waterloo Sunset (Hyperion, 2000), donde desgrana algunas de sus canciones en forma de cuentos morales, y el muy reciente Americana: The Kinks, The Riff, The Road: The Story (Sterling, 2013), algo así como la continuación de X-Ray, la malhadada peripecia de nuestro protagonista durante su estancia en Nueva Orleans, lo que pasó antes y después, casi hasta el presente, en su vida y en la del grupo.

5. Por cierto, ¿cuáles son los discos absolutamente obligatorios de The Kinks?

Cualquier kinkmaníaco con dos dedos de frente responderá que eso depende del estado de ánimo, del momento del día, de si hace frío o calor o si llueve, que hay kinky music para todo y para todos… Pero mojémonos por una vez. Para quien esto suscribe, y recién estrenado el otoño del año de gracia de 2014, los que siente más cerca de su corazoncito son (por orden de aparición):

The Kinks Kontroversy. Pye, 1965.
Al menos dos canciones absolutamente geniales: “Till The End Of The Day” y “Where Have All The Good Times Gone?”. El mejor de la primera época, reeditado en CD con cortes añadidos.

Face To Face. Pye, 1966.
Una de las obras maestras obligatorias del pop de los años sesenta, publicado al mismo tiempo que Revolver (The Beatles), Aftermath (The Rolling Stones) y A Quick One (The Who), tres discos también capitales aunque claramente inferiores a Face To Face. La indolencia, el gusto por lo cotidiano, la crítica costumbrista, la frescura melódica y un cantante (Ray Davies, claro) en permanente estado de gracia. Y un puñado de clásicos mayores: “Dandy”, “Session Man” (dedicada a Nicky Hopkins), “Too Much On My Mind” y la genial “Sunny Afternoon”.

Something Else By The Kinks. Pye, 1967.
Otro de los álbumes gloriosos de la década prodigiosa. Estampas floridas del swingin’ London (“Waterloo Sunset”, la mejor canción de la historia) y otras maravillosas miniaturas pop-rock: “David Watts”, “Death Of A Clown”, “Afternoon Tea”, “Situation Vacant”, “Lazy Old Sun”…

The Kinks Are The Village Green Preservation Society. Pye, 1968.
Tercera obra maestra, primera opereta pop de la historia (de las llamadas óperas de otros grupos, mejor no hablar). Todas las obsesiones de Ray Davies pintadas de verde y fantasía y vestidas de colores campestres: “Somos la Sociedad para la Preservación de la Aldea Verde / Dios salve al Pato Donald, el Vaudeville y las variedades…”. Irresistible, hay días que uno se quedaría sólo con este disco tan contento.

Arthur Or The Decline And Fall Of The British Empire. Pye, 1969.
Segunda opereta, que glosa las pequeñas miserias de la decadencia del imperio británico en amargas/divertidas piezas de culto como “Victoria”, “Shangri-La”, la antimilitarista “Yes Sir, No Sir” o la propia “Arthur”, inspirada en el cuñado de Ray, un tipo estirado y de moral estricta. Y otra gema intemporal a reivindicar: “She’s Bought A Hat Like Princess Marina”.

The Kinks Part 1-Lola vs. Powerman And The Money Goround. Pye,1970.
Otro espléndido álbum conceptual, con amargas y lúcidas reflexiones contra la industria discográfica, famoso por la canción que le da título. Las mejores, sin embargo, son otras: las maravillosaa “Apeman” y “Long Way From Home”..

Muswell Hillbillies. RCA, 1971.
Puyas a los inspectores de Hacienda (“Here Come The People In Grey”), ataques furibundos a las ideas conservadoras (“20 th Century Man”), himnos al alcohol (el tango homónimo) y al dolce far niente (“Holiday”, “Complicated Life”) y tributos memorables al barrio de su infancia (“Muswell Hillbillies”) a ritmo de western swing. Delicioso.

Preservation Act 1. RCA, 1973.
Primera incursión descarada en el cabaret. Una canción seductora (“Sitting in the mid-day sun”) y otra absolutamente emocionante, dedicada a su esposa Rasha, que acababa de divorciarse de él: “Sweet Lady Genevieve”..

Soap Opera. RCA, 1975.
Un encargo televisivo que nunca llegó a rodarse, la aburrida existencia de un oficinista llamado Norman. Infravaloradísimo, pero obligatorio.

Misfits. Arista, 1978.
Suma y sigue. Una pieza prodigiosa de Ray (“Rock’n’Roll Fantasy”), dedicada a su hermano Dave, algo de reggae (“Black Messiah”) y el famoso “Father Christmas” de regalo en la edición digital.

State Of Confusion. Arista, 1983.
El álbum que les reconcilió con el gran público, gracias al tema “Come Dancing”, famoso por su estribillo irresistible y por el vídeo promocional de Julian Temple. A destacar también la deliciosa “Don’t Forget To Dance”.

The EP Collection. Castle, 1998.
The EP Collection Vol. 2. Castle, 1999.
Edición limitada y numerada de dos cajas que incluyen, en su formato original adaptado a la era digital, todos los EPs originales del grupo en Gran Bretaña y algunos publicados en otros países, entre ellos España. Canciones sobresalientes, magnífica presentación: obligatorio para kinkmaníacos de pro, porque aquí están de verdad todas esas canciones imprescindibles que registraron los Kinks en Pye Records. .

BBC Sessions 1964-1977. BBC-Sanctuary, 2001.
Doble CD con abundante material inédito hasta ahora (salvo en piratas como el Kinks Kontraband, que incluía nueve temas de este doble CD) y piezas poco conocidas, pero majestuosas, como “When I Turn Off The Living Room Lights” o “Did You See His Name”, que explican por qué Ray Davies es el mejor compositor de la historia del pop británico.

¿Cómo? ¿Qué son muchos? Si has llegado hasta aquí, ya te habrás enterado de que estamos habando de los mejores del pop de todos los tiempos: hay mucho más donde bucear. Y sí, mejor dejamos para otra ocasión los discos en solitario de Ray y de Dave. Y la provocativa autobiografía de Dave Davies. Y el disco instrumental Kinky Music) que grabó su productor Larry Page. Y…

(Dedicado, con cariño, a mis amigos de la Kinkalla, agrupados en la comunidad de Facebook Fans de los Kinks en España).