Mendizabala, 23-24/06/2016

Los que llevamos años asistiendo al Azkena Rock Festival tenemos motivos de sobra para ni siquiera cuestionarnos el seguir haciéndolo año tras año, independientemente del cartel que confeccionen para la ocasión. Esta vez, además, teníamos motivos de sobra para hacerlo cargados de ilusión y optimismo. Venían The Who a repasar sus 50 años de carrera en lo que se antojaba como una cita histórica, los suecos The Hellacopters anunciaban a escasos días del arranque que también se sumaban a la gran fiesta del rock,… Eran tantos los alicientes que la lluvia tampoco quiso perderse la decimoquinta edición del festival vitoriano, por eso estuvo muy presente desde el inicio de la primera jornada.

Mi atención para los primeros compases estaba puesta en The London Souls y Vintage Trouble. Los primeros ofrecieron un show más que correcto y dejaron entrever que en sala pueden dar aún más de sí. ¿alguien se anima a montarles una gira por la península? Su rock fresco, con una fuerte influencia 60s sirvió para permitir al personal ir entrando en calor poco a poco. Los del carismático e incansable Ty Taylor, por su parte, nos ofrecieron una ración de rock and soul de esas que no se olvidan con facilidad. Sobre todo, si lo que viene a continuación es un concierto de Lucinda Williams que costaba digerir en esos momentos, por la hora y por la incesante lluvia. Que es una de las grandes figuras del country-rock norteamericano es indudable, que la acompaña una banda de aúpa tampoco se puede ni siquiera cuestionar, pero la cruda realidad es que algunos optamos por desplazarnos hasta el escenario donde estaban Los Brazos descargando su blues-rock poderoso. Y eso que la reina del country había recurrido al reggae y a versionar clásicos de la talla de “Keep on rockin’ in the free world” de Neil Young.

Los encargados de seguir deleitando al personal a base de rock sureño y ramalazos country ahora eran Blackberry Smoke, un quinteto de Atlanta del que hablaban muy bien los que habían tenido el gusto de verles tocar con anterioridad. A decir verdad, sonaron de lujo y su propuesta era realmente atractiva, pero pecaron de lo mismo que Lucinda Williams, de no conectar con el personal. Y mira que los azkeneros lo suelen poner fácil…

Todo a punto para disfrutar de uno de los platos fuertes del festival. La lluvia daba una tregua y toda la atención estaba puesta en The Hellacopters, que se reunían después con la formación original (Dregen y su capucha incluidos) para celebrar con su apreciada parroquia azkenera el 20 aniversario de su debut, el implacable Supershitty to the max. Y Royale y los suyos cumplieron, no os quepa duda. Descargaron un bastante previsible cancionero, correspondiente a su primera etapa, que venía a demostrar porque fueron los abanderados de aquello que surgió en Suecia y se terminó conociendo en el resto del mundo como high energy. Una pena que los compañeros de sonido no estuvieran tan inspirados como los músicos, de haber sonado mejor probablemente estaríamos hablando de una de las mejores actuaciones del Azkena Rock Festival 2016. Se despidieron con sus mástiles apuntando al firmamento mientras sonaba un “(Gotta get some action) Now!” brillantemente ejecutado. Por cierto, se mostraron muy agradecidos con el público y no olvidaron hacer lo propio con Primal Scream, ya que al final fueron los británicos los que hicieron posible que los suecos se incorporasen sobre la bocina al cartel gasteiztarra.

Llegaba el momento de reponer fuerzas y esta edición te lo ponía a huevo para entregarte a todo tipo de suculentas ofertas gastronómicas en forma de food trucks que incluían desde adictivos bocatas hasta carnes a la parrilla, pasando por comida thai, vegetariana, etc. Lo siguiente era decidir entre Danzig y Luke Winslow-King, dos propuestas diametralmente opuestas pero muy apetecibles para adentrarse en la madrugada. Por motivos varios, opté por un fifty-fifty. Eso me llevó a confirmar que Glenn Danzig no está en su mejor momento y que, exceptuando “Am I demon” y poco más, su show no estuvo a la altura de lo esperado. Infinitamente mejor el cóctel que nos tenía preparado Luke Winslow-King en el Weiland Stage, el escenario dedicado al recientemente desaparecido líder de Stone Temple Pilots. La receta es infalible: blues, folk, jazz, country,… Y un sonido limpio a la par que electrizante. No es de extrañar que los asistentes estuvieran la mar de receptivos y le correspondieran con oportunos bailes. Y es que había que aprovechar, ya que poco después tocaba dejarse “sorprender” por la película muda más ruidosa del planeta, ahí es nada. La verdad es que Gutterdämmerung no convenció, y yo no creo que fuera por la hora. Tampoco creo que fuera porque realmente no era muda. Creo que era soberanamente insustancial y que Henry Rollins, personaje al que admiro por muchos motivos, no debería prestarse a este tipo de propuestas. ¿De verdad vino para dar un par de sermones delante de una pantalla enorme mientras un grupo se dedicaba a versionar los más manidos clásicos del rock? Aún no me lo termino de creer.

El sábado prometía ser un día muy largo, así que nada mejor que uno de esos cafés a la crema, que sólo se pueden degustar por estas tierras, antes de entrar en Mendizabala. Los primeros en hacer algo remarcable fueron los sevillanos The Milkyway Express, que nos cautivaron con su descarado country-blues-rock de corte setentero. Sonaron impecables, una sobremesa de diez. Tocaba desplazarse hasta el David Bowie Stage para ver a Cobra, un proyecto que lleva en activo desde 2006 e implica a músicos de bandas como Berri Txarrak o Dinero. Con una propuesta en euskera y cercana al metal, consiguieron llamar la atención de un buen número de personas, algo bastante inusual en las bandas locales que se suelen gozar de oportunidades en el festival vitoriano. Poco después, ya se empezaba a notar que hoy se había multiplicado la asistencia (horas más tarde supimos que se superaron las 18.000 localidades) y no era fácil hacerse con un buen sitio en actuaciones como las de Radio Birdman o Imelda May, que consiguieron subir la media de lo que habíamos podido disfrutar hasta el momento. Los australianos, como de costumbre, pura energía, que se materializaba con precisión en canciones como “Aloha Steve & Danno” o “Murder city nights”. Bravo por Rob Younger y los suyos. La irlandesa, por su parte, estaba irreconocible. Mucho más delgada, se olvidó de meter en la maleta su ceñido vestido de leopardo y, tomen nota, ¡cambió su tupé por una melena alborotada a lo Blondie! Lo que no ha cambiado nada es su inconfundible voz, su actitud peleona y esa profesionalidad sobre las tablas que la han llevado a ser considerada como de la familia en pocos años. Aunque el sonido le jugó alguna que otra mala pasada, salió airosa y consiguió erizarnos el vello en momentos puntuales (cover de “Spoonful”).

Y llegó la hora de la verdad. El motivo por el que muchos se habían desplazado hasta allí a pesar de las adversidades meteorológicas. Los británicos The Who se subían al Lemmy Stage para repasar sus 50 años de vida ante una parroquia enfervorecida que quería volver a acariciar su juventud, aunque sólo fuera durante hora y media. Daltrey y Townshend se convirtieron entonces en los amos del cotarro. Rescataron sus clásicos más populares (“My generation”, “Baba O’Riley”, “Won’t get fooled again”,…) y se acordaron de sus más fieles seguidores (“Sparks”). A mí, no me llegaron, pero eso no quita que sonaran muy bien y fueran muy profesionales. Señalar que antes de la actuación las pantallas se convirtieron en whokipedias, algo que agradecimos los que habíamos ido a coger sitio con antelación. Alguna que otra cosa ya aprendimos…

Entramos en la recta final teniendo que elegir entre papá y mamá. Y, como a Marky Ramone ya lo tengo más visto, me decanté por Refused. No sabéis cuánto me alegro de haberlo hecho. Me consta que no estuvo nada mal el concierto del único superviviente ramone, pero lo de los suecos merece mención aparte. Se dejaron el alma en cada uno o de los riffs, bailes, saltos, discursos y alaridos que tuvieron a bien realizar durante toda la actuación. Lo de Dennis Lyxzén es algo sobrenatural, qué manera de desgañitarse y darlo todo de principio a fin. Consiguieron hacer disfrutar a sus seguidores y consiguieron encandilar a los que no tenían el gusto de conocerles. Refused combinan precisión y contundencia a partes iguales, por eso no es de extrañar que se desate la locura con canciones como “New noise” o “Rather be dead”. Se atrevieron incluso con un magistral mini cover del mítico “Reign in blood” de Slayer, y lo bordaron igualmente. En mi opinión, uno de los grandes triunfadores de esta edición, sin duda.

Antes de echar el cierre y anunciar las fechas de la próxima edición, Supersuckers se encargaron de que la despedida fuera lo más dulce posible. Y lo consiguieron a base de rock and roll, country y punk… ¿Cómo si no? Y así se clausuró una nueva edición del festival de rock más importante del país y uno de los referentes a nivel europeo. El año que viene, más y mejor.