Sala Siroco, 24/09/2014

No eran ni las nueve de la noche cuando la puerta del número 5 de la calle San Dimas empezaba a llenarse de parroquianos y nuevas caras que asistían por primera vez a la mítica Siroco. La sala celebraba sus veinticinco años en activo con una serie de conciertos y Depedro y Bye Bye Lullabye también tuvieron la ocasión de subirse al escenario.

Los salmantinos fueron los encargados de caldear el ambiente hasta la actuación de Jairo Zavala con un repertorio bastante variado. La polifacética voz de la cantante-guitarrista-violinista Esther Valverde pasó del pop folk americano al blues para incluso tomar tintes flamencos en una emotiva canción a su abuela que ayudó a ganarse a un público impaciente por la llegada de Depedro.

El músico apareció pasadas las diez y media con sus habituales patillas y acompañado únicamente por su guitarra. Con apenas los primeros acordes de “La brisa” empezaban a escucharse los coros de una gran parte de la sala, que no dejarían solo a Zavala en prácticamente ninguna de las diecinueve canciones que sonaron. “Un hombre bueno” en su versión más rumbera invitaba a bailar al público, para después volver a lo que definió como otra canción dramática: “Te sigo soñando”.

Contaba Depedro que en su primera actuación en Siroco desconectó sin querer su amplificador durante un momento de pura emoción en un solo de guitarra. Veinte años después no comete esos errores pero sigue tocando con una pasión que transmite en cada rasgueo incluso en temas como “Tu  mediodía”, “Equivocado” o su famosa “Nubes de papel”. Precisamente para esta canción acertó en invitar al escenario a Bye Bye Lullabye, que ayudaron a potenciar su especial sonido y hacer saltar a la sala.  Jairo se encontraba como en casa, entrelazando bromas y juegos con el público con el cuidado repaso a su discografía, en el que sólo se echó de menos “You and I” que, por el formato del concierto, podría haber sido una de las canciones más recordadas.

Tras “Diciembre” y algunas canciones de su disco Nubes de papel alguien pidió “Ella sabía” y se hizo el silencio. Zavala interpreta sin artificios, natural, inspirando una cercanía que abruma. Después de la tranquila magia que desprende esa melodía llegó el momento de la alegría de “Llorona” y el ritmo de bolero de “Don’t leave me now”. Se iba acercando el final del concierto pero las ganas del público no disminuyeron ni con la cumbia de “El pescador” ni con una calmada versión de “Miguelito”.

Depedro se despidió poniendo como broche “Comanche” ante una sala igual de entregada que hacía hora y media. Desde luego se agradece que existan músicos como él y locales como Siroco, sitios valientes que apoyan la música en directo, como el propio Jairo reconocía al principio de su actuación. Felices pasados y esperemos que futuros veinticinco años.