Pasó de la polifonía clásica a los cantautores californianos de los setenta, con tiempo suficiente para desgranar la música de los Beatles, antes de afinar el proyecto que es hoy en día Jacobo Serra. Proyecto que presentó sus credenciales en la madrileña sala Costello en un concierto que reflejó perfectamente la esencia optimista, cálida y luchadora de Don’t give up, su primer disco. Hablamos con el albaceteño de los entresijos de su composición.

He leído en otra entrevista que la música te nace y después pasas a las letras. ¿Ha sido algo habitual en Don’t give up?

Si, normalmente es el proceso de composición que tengo: siempre viene primero la melodía, la música, que para mí es lo mas importante. Pero eso no quiere decir que no haya un mensaje, que no le dé importancia a la letra. Un caso muy bueno que muestra esta contradicción es “Don’t give up”,  el tema central del disco. Es una carta que me escribí y por eso tenía la letra primero. Luego fui adaptando la música. Es la primera vez que lo hago. La canción habla de un sentimiento de lucha, de superación, de animar al artista a no rendirse, al artista y a la persona. Es un tema muy personal pero que se puede aplicar a todo el mundo. Es sobre la carta que yo me escribí a mí mismo en la que me animaba a no rendirme, a luchar por mis sueños y por lo que quería hacer, por lo que creo, por continuar… El sentimiento del disco es optimista, de lucha.

¿La música cuenta historias, como el cine o la literatura?

La música cuenta historias pero mi visión de la música es diferente. Yo no me considero un poeta ni un contador de historias, yo considero que expreso emociones. Emociones que además normalmente no sé explicar con palabras. Me pasa desde que era pequeño, yo no entendía lo que escuchaba. Oía una ópera en italiano, en alemán, u oía el “Réquiem” de Mozart en latín y no sabía lo que decía ese hombre… “Agnus Dei” ¿Qué es eso? Me pasaba lo mismo con los Beatles, no les entendía. Para mí la música siempre ha sido otra cosa por la barrera lingüística. Siempre han sido emociones. Creo que mi música también es eso. Si yo hubiera querido ser poeta hubiera sido poeta pero lo que yo expreso son estados de ánimo.

Hay quien opina que es más fácil componer cuando estás pasando por un mal momento personal. ¿A ti te influye eso?

Yo creo que tiene que ver con otros factores. Cuando a la gente le va bien está por ahí en los bares, de cachondeo, o están de viaje. Esto se lo he oído decir a algún artista o a alguien con éxito, aunque no sé si me lo dijeron a mí: “Disfruta ahora que puedes para componer un montón porque, si algún día triunfas, la inspiración se va”. Creo que lo que pasa es lo contrario a lo que tú mencionabas, creo que la gente que triunfa se olvida. Sí es cierto que a mí la melancolía me inspira más, me parece más inspiracional, me motiva más. Un acorde menor siempre me ha atraído más que uno mayor.

En el disco he notado, unido a lo de la melancolía, que la melodía y la letra son algo diferentes emocionalmente, pero que se complementan muy bien. Sale la melodía por una parte y la letra por otro.

Supongo que cada canción es un mundo. Como te decía antes la melodía muchas veces no tiene nada que ver con la letra. La melodía es una cosa que ni siquiera sabes explicar, no sabes lo que significa.  Luego dices, ¿y qué quiero decir? Por ejemplo, estoy viendo Euronews y digo: “madre mía, Putin está otra vez…, voy a hablar de esto, me parece preocupante”, o lo que sea. Y entonces decides hablar sobre algo concreto o no. Simplemente otras veces lo que me pasa cuando compongo una canción es que me salen palabras que me suenan bonitas y lo que hago luego es ir completando la canción como si fuera un puzzle, voy construyendo con palabras que me salen de manera innata. A veces si la canción tiene una carga emocional muy intensa de por sí, en la melodía, procuro descargar la letra un poco. Que sean palabras bonitas y bien sonantes pero que no tengan mucha carga porque no tiene sentido.

¿Crees que ha habido ya un punto de inflexión o de giro en tu música, o está por llegar?

Yo creo que en el disco se adivina un poco. Hay canciones que siguen una línea y hay otras que van por otro lado. Por ejemplo en los últimos dos temas que compuse, “Never gone” y “Fly away”. De hecho ésta última la compuse durante la grabación y lo hice para que estuviera allí y fuera la última. Creo que son una vuelta de tuerca de lo que soy yo como compositor. Creo que ahí ya hay una evolución. Dentro del disco hay una evolución de temas más clásicos a éstos, donde pienso que he abierto otra vereda.

Dices que “Never gone” es ahora es de tus favoritas, pero si tuvieras que pensar qué canción o canciones definen el disco en general, ¿cuales dirías que lo representan mejor?

Buena pregunta. Pues no lo sé. Supongo que obviamente “Don’t give up” lleva la carga y el peso del disco. Tiene muchos pasajes de orquestación y arreglos de cuerda, luego yo con la guitarra… es una muestra de todo. Es el primer tema y te dices, “creo que me puedo imaginar lo que viene después”, pero no sabría decirte bien.

Fuiste telonero de la banda satélite de Wilco. ¿Qué supuso esta experiencia para ti?

Me ha cambiado la vida, ha sido una experiencia life changing. Les escribí, yo era muy fan de Autumn Defense. Les descubrí cuando vivía en Londres, tocaron allí y fui a verlos y, desde entonces, flipé. Tenía el disco de antes, es el típico disco (el homónimo de Autumn Defense) que siempre he llevado conmigo, el disco al que siempre vuelvo. Eso me pasa con algunos clásicos pero también con el suyo. Ya después descubrí a Wilco a partir de ellos. Cuando me enteré de que venían a Madrid les escribí y les dije que quería abrir para ellos (risas). Les dije que me encantaba lo que hacían, les conté mi historia y les mandé mi disco. Les expliqué que, si no podía ser, no pasaba nada, que no se preocuparan, que lo meditaran, que si no tenían equipo yo ponía el mío. Pero me contestaron que genial, les había encantado el disco, que estaban encantados y me dieron la enhorabuena. Cuando toqué con ellos en el Lara no solo se quedó ahí, también me invitaron a la gira por España. Me cambió. Tocar con ellos, viajar con ellos, conocerlos.

¿Puede ser un pequeño punto de giro, como te preguntaba antes?

Si, no sabría describirte lo que siento ni lo que me ha pasado pero me ha cambiado un poco mi visión del mundo y de la música.

Te comparan con  un montón de gente, desde hace tiempo. Y son nombres importantes, ¿cómo te tomas estas comparaciones?

Son piropos. Muchas veces es gracioso porque no conozco a la gente “a la que me parezco”. Mola, porque he descubierto a Amos Lee, Josh Rouse… a gente así les he descubierto a partir de una crítica o una reseña. Para mí es un orgullo escuchar eso de “el Rufus Wainwright español”. Está muy bien, yo creo que con él me asocian por el timbre de la voz o las influencias clásicas, ese deje  un poco, no sé, lírico. Salvando las distancias, claro, que ese tío es un genio. Porque luego los temas no se parecen tanto, pero es un piropo y estoy muy contento.

Ya para acabar, tengo una gran duda. ¿Sigues ganando dinero con las clases de inglés?

Me encantaría que la música me jubilara del autónomo profesor de inglés legal que soy ahora, pero hay que pagar el alquiler.