Al de Trollhättan le conocían en el colegio como Jäje Johansson, ahora es conocido en el mundo entero como Jay-Jay. Han pasado dos décadas desde que se atrevió a adentrarse en el universo de la música y es fascinante descubrir que sigue sintiendo la misma pasión que el primer día. Este mes de Marzo vuelve a visitarnos y seremos de los primeros en conocer algunas de las canciones de ese nuevo trabajo que está a punto de salir del horno.

Antes de nada nos gustaría saber qué se siente después de estar 20 años recorriendo escenarios, entrando y saliendo del estudio,… viviendo de la música, en definitiva.

Cuando empecé nunca me imaginé que pudiera llegar a hacer lo que estoy haciendo. Entonces, la música para mí era un hobbie. Más tarde se convirtió en mi trabajo, pero nunca pensé que ese trabajo se podría prolongar durante tantos años. Es fantástico y estoy muy agradecido a todos esos seguidores que tengo repartidos por todo el mundo. Si te soy sincero, tengo la sensación de que podría seguir 20 años más.

Durante todo este tiempo, tus canciones se han nutrido de la electrónica, el jazz, el pop, el folk, la bossa-nova,… ¿Cómo llegaste a la conclusión de que todos estilos podían funcionar en un mismo espacio?

A decir verdad, yo siempre separo mi parte creativa en tres grandes campos: la composición, que es la más importante, la producción y el directo. Durante todo este tiempo, la influencia principal de mis canciones ha sido el jazz. Lo que ocurre es que cuando empiezas con los arreglos, puedes conseguir un resultado más acústico, más electrónico, con toques de big beat, de bossa-nova,… Mis canciones pueden sonar muy diferentes dependiendo del momento en el que entremos a producirlas. Por ejemplo, todo el mundo opina que Antenna (RCA, 2002) es un disco muy electrónico y estoy de acuerdo con esa opinión, pero en ese álbum hay canciones como “Cookie” o “Tomorrow” que fueron escritas en el mismo momento que las canciones de Poison (RCA, 2000). Para la mayoría son canciones muy diferentes pero para mí se trata de composiciones muy similares.

Tenemos curiosidad por saber cómo era el hogar donde creciste, ¿qué música sonaba en casa de tus padres?

Yo era el más pequeño de tres hermanos. El mayor estaba muy metido en el glam-rock y todo eso, ¡eran los años 70! En el cuarto de mi hermana sonaba Abba todo el rato. Mi padre era un loco del jazz y mi madre escuchaba mucho a Elvis. Y yo, como era el más joven de todos, también quería ser el más ruidoso, así que elegí el hard rock: Black Sabbath, Kiss, Ozzy Osbourne,… Pero no tanto por cómo sonaban sino por cómo vestían, las portadas de los discos, la estética en general. Y a finales de los 70, todo cambió cuando descubrí a Brian Eno y  Ryuichi Sakamoto, fueron ellos los que me abrieron los ojos y me invitaron a descubrir otro tipo de música, artistas como David Bowie, Kraftwerk, etc.

Siempre llevarás a Francia, y especialmente a París, en lo más profundo de tu corazón. ¿Cómo llevan esto en Suecia?

La historia es que no hay mucha gente que conozca mi trabajo allí, nunca hemos centrado la atención en Suecia. En estos 20 años habré tocado allí cinco veces como mucho y tampoco suelo hacer entrevistas. Si no tuviera seguidores por otros muchos países, es probable que intentase hacer carrera en Suecia, pero ahora mismo la sigo viendo como un refugio. Es el lugar dónde voy para relajarme, trabajar, escribir, ¡allí no hay nada que me distraiga! En Francia me ocurría todo lo contrario. Estuve viendo allí un año y nunca encontrabas el momento para ponerte a trabajar, me invitaban continuamente a fiestas fantásticas, inauguraciones de exposiciones, estrenos, cenas, clubes nocturnos,… ¡Me lo pasé genial pero no era en absoluto productivo! (risas).

Eurovisión. En 2013 no pudo ser, ¿volverás a presentarte al certamen?

Es curioso que me lo preguntes, ¿sabes? Aquí  Eurovisión siempre ha sido la misma basura, pero desde hace un tiempo han abierto el espectro musical y por eso se plantearon la posibilidad de contar conmigo. Cuando me lo ofrecieron en 2013, no lo dudé. Les dije que aceptaría encantado, siempre y cuando yo pudiera elegir la canción que representaría a mi país, y así fue. Finalmente, no fui seleccionado, pero volvieron a llamarme el año siguiente. Yo acababa de publicar Cockroach (Universal, 2013) y me apetecía hacer algo divertido, así que les ofrecí participar con una de las canciones que acababa de grabar en Francia junto al hermano pequeño de uno de los componentes de Daft Punk. Les pareció interesante la idea pero pensaban que la canción era demasiado hardcore para Eurovisión.

Ya que mencionas Cockroach, me gustaría saber el porqué de ese título. Así, de primeras, no suena muy apetecible …

(risas) Hay muchas respuestas para esta pregunta. Una de ellas es que he sobrevivido en la música mucho más tiempo del que pensaba y todos sabemos que las cucarachas son las únicas que sobrevivirían a un holocausto nuclear o la caída de un meteorito. No es fácil sobrevivir en este negocio tanto tiempo hoy en día, la mayoría desaparecen después de dos o tres discos. Otro de los motivos por los que elegí este título es por el personaje de Kafka, me llama mucho la atención todo el tema de la transformación. Y también resulta que durante mucho tiempo estuve obsesionado con llevar un sombrero como el que solía usar Malcom McLaren en 1982, lo que ocurre es que a mí me quedaba diferente, parecía que llevaba un escudo, muy parecido a los que usan las cucarachas para protegerse.

Es evidente que no es el disco más electrónico de Jay-Jay Johanson. Aún así, los sintetizadores también tienen su protagonismo en canciones como “Orient express” o “Forgetyounot”.

Con Spellbound decidí sacar todos los sintetizadores del estudio y para Cockroach tenía ganas de rescatarlos. Lo más interesante de volver a trabajar con ellos es que ahora son como un instrumento más, como un violín o una guitarra. Para mí es como un miembro más dentro de una orquesta, no me gusta utilizarlos de forma minimalista, quiero que tengan su protagonismo.

Nos han chivado que ya tienes listo tu nuevo trabajo y nos gustaría saber con qué nos vas a sorprender esta vez. ¿Volverás a soplar el didgeridoo?

El disco verá la luz en Mayo. Se puede decir que seguirá la en la línea de Cockroach, pero también hay mucho de los dos primeros discos, todo ese encanto y desparpajo de mis primeras canciones. Lo hemos pasado muy bien en el estudio porque nos hemos arriesgado con cosas que nunca habíamos hecho antes. Estuve escuchando el máster hace diez días y estoy muy satisfecho con el resultado. Obviamente, no soy la persona más indicada para hacer una crítica, eso os lo dejo a los periodistas (risas). Pero sí te puedo decir que hay dos o tres canciones en este disco que las voy a llevar siempre en el corazón.

Sabemos que también te gusta trabajar de vez en cuando en bandas sonoras. ¿Cómo es el proceso? ¿En qué se diferencia de la grabación de un disco?

Hasta el momento he grabado dos bandas sonoras de películas y el proceso ha sido completamente diferente en cada una de ellas. En el caso de La confusion des genres , la película ya estaba hecha, el director me dijo dónde necesitaba música y yo me tenía que limitar a componer exactamente lo que él necesitaba. Por el contrario, con La troisième Partie du Monde estuve totalmente involucrado desde antes de que empezaran a rodar. Tras leer el guión se me empezaron a ocurrir ideas y, cuando echas la vista atrás, te das cuenta de que fue un proceso mucho más laborioso. Quizás, para mí lo ideal sería un punto medio entre los dos proyectos.

Y si tuvieras que elegir una, ¿qué banda sonora te hubiera gustado componer?

Pues da la casualidad que mis películas favoritas de toda la vida no tienen banda sonora. Por ejemplo, Los pájaros o La ventana indiscreta de Hitchcock pueden ser dos buenos ejemplos, me parecen fascinantes y ninguna de las dos tiene música. Y él tampoco quiso banda sonora en Psicosis, pero Herrmann le convenció tras suplicarle que escuchara lo que había grabado. Pero, por supuesto, si hicieran ahora en Hollywood un remake de Los Pájaros o La ventana indiscreta, me encantaría componer sus bandas sonoras.

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