El comienzo no pudo ser más rotundo. En medio de una negrura impenetrable aparece un haz de luz que ilumina una mesa sobre la que Farruquito, Farru y El Carpeta empiezan a hacer  compás por bulerías con los nudillos. Tras esta intro, el baile por bulerías de los tres hermanos pega la primera sacudida al espectador, que no da abasto con un solo par de ojos para captar todo el arte que se proyecta desde el escenario.

Contrariamente a lo que suele hacerse, las bulerías evolucionan a Seguiriyas (con el ritmo acelerado para no dar ni un respiro), que acompañadas por el cante de María Mezcle y Mari Vizarraga, alcanzan una intensidad extraordinaria. La flauta de Juan Parrilla nos recoge en ese momento para llevarnos sosegadamente hasta unas nuevas bulerías que, con la música de Paco de Lucía y bailadas por El Carpeta, sirven para rendir un sincero homenaje al maestro de Algeciras.

Pepe de Pura y un cante por malagueñas vuelven a servirnos de descanso antes de adentrarnos en un precioso taranto bailado por Farru, que vestido de rojo pasión, remata por tangos con una gracia y un descaro increíbles, mientras ronea delante de las cantaoras.

Por fin le toca el turno al partriarca de la familia. Farruquito interpreta el palo que da nombre a su clan (la Farruca), en solitario al principio y acompañado por Farru después. Terminan los dos sentados en una silla, como queriendo sentar cátedra, como diciendo: “Así es como se hace”. Algo que te tienes que creer cuando los que te lo dicen son los dos mejores bailaores del momento.

Una magistral seguiriya del tocaor José Gálvez da paso nuevamente a Farruquito, que nos baila la caña de una manera portentosa y con mucho pellizco. Pero el momento más bonito y conmovedor de todo el espectáculo se lo estaban reservando para el final, cuando los tres vuelven a sus raíces haciendo el baile por soleá de su abuelo, El Farruco. Lo hacen por partes, secuencialmente y todos juntos. Todos se parecen a su abuelo, pero ninguno baila como él. Todos vienen de la misma rama, pero cada uno tiene sus maneras. En cada uno de ellos puedes ver el baile de toda una estirpe flamenca, pero cada uno aporta algo diferente a esta trinidad de maestros: el Carpeta, energía y virtuosismo; Farru, sentimiento y duende; y Farruquito, magisterio en todo lo anterior.

Sin duda, una noche inolvidable con un fin de fiesta poco usual, y es que cambiaron las típicas bulerías de despedida por unas jotas bailadas a tres con los pies descalzos bajo la atenta mirada de sus antepasados, que colgaban a modo de fotografías sobre los artistas.