Septiembre aún es verano que decían los Airbag, y bien que se notaba en los aledaños del madrileño Teatro Barceló. The Drums presentaban su último trabajo, Abysmal thoughts (Anti, 2017) con Jonathan Pierce al frente defendiéndolo con uñas y dientes.

Siempre he dicho que si cantas en un grupo y no tocas ningún instrumento tienes que darlo todo en el escenario, y Jonathan hace de frontman como pocos. Sus bailes desacompasados simulando desmayos y tragedia hacían bailar a un publico que tenía muchas ganas de verlos y disfrutar de todas esas canciones fabricadas por y para la fiesta.

El show empieza con “I’ll fight for your life”, activando al numeroso publico que allí nos concentrábamos. Y si seguidamente tocan “Best friend”, pues ya nos tienen comiendo de su mano. Johnny Pierce, sin parar de moverse y chocándola con todas las manos que se extendían desde la primera fila, auguraba un concierto cercano y de disfrute.

Estos “Smiths” alegres tenían claro que habían venido a presentar las canciones de su cuarto y último trabajo, y que se sucedieran temas como “Head of the horse”,”Rich kids” o “Heart basel” así lo atestiguaban. Johnny, con su look de siempre (rubio a tazón y de un negro excéntrico con brillos), se balanceaba de un lado a otro del escenario, esquivando al bajo y guitarrista que lo acompañaban y que a ratos se animaban a bailar también junto a el.

También sonó “Days” de Portamento y la enlazaron con su gran hit “Let’s go surfing”, que la versionaron de tal manera que parecía otra y perdió parte de su esencia. Pronto se nos pasó el disgusto porque “Money” era la siguiente y la gente se subió al escenario como un tsunami para arropar a la banda mientras bailaban en comunidad. En ese momento la seguridad tuvo que ponerse un poco seria porque había mas gente arriba que en el foso.

Antes de la traca final, Jonathan hizo subir a la chica del guitarrista, española por cierto, para traducir unas ideas que quería compartir con la gente y que se basaban básicamente en la autenticidad de ser uno mismo por encima de todo.

Se despiden con “Blood under my belt”, poniendo todo patas arriba y recibiendo un cinturón a modo de ofrenda. Jonathan se encargaría de bajar con el público y darse otro
baño de masas para después ser devuelto al escenario como un naúfrago llegando que pretende alcanzar la orilla.

En el bis aparecen guitarra y bajo, que se congregan para tocar cara a cara “Baby that’s not the point”, perteneciente al primer EP de The Drums, y consiguen impregnar de ambiente 50s cada esquina del Teatro Barceló. Dan un poco de tranquilidad antes de su repertorio final con canciones de Abysmal
thoughts, como “Magic mountain”, o “Down by the water”, dedicada a una pareja de amigos que murieron en un accidente.

Un final difícil para una fiesta como la que se habían gastado los de Brooklyn, pero también una buena manera de hacerse una idea de cómo serían los Smiths si a estos les hubiera dado
por ser más divertidos.