La banda de Aranjuez, Rufus T. Firefly, se presenta con sold out en La Riviera y arranca con una especie de prólogo epistolar con el que da gracias a todos los que les han animado y respaldado en estos dos años desde que publicaron Magnolia (2017) y Loto (2018).

Esta gira Magnolia/Loto que arranca en 2018 termina con un gran homenaje a ellos mismos y al publicú que los ha seguido desde su orígenes en una sala como La Riviera abarrotada y acompañados de grandes amigos y artistas que pusieron la guinda a un pastel que no necesitaba maás que ser degustad por el respetable.

“Tsukamori” sirve de alfombra roja para adentrarnos en el primer acto de los cuatro que conformarían el show y en donde se reivindica un viaje a  la naturaleza y al amor. Que el bosque muerto despierte.

Proyecciones psicodélicas y de la inmensidad del universo acompañan al grupo durante todo el conciert, siendo un integrante más de la banda.

“··o··” forma parte de este primer capítulo. Al quinteto se le ve cómodo y contento. La baterista Julia crea con el resto una comunión perfecta, y aunque parezca estar a lo suyo, es la que arrastra todo el sonido de Rufus T. Firefly, manteniendo el orden de los teclados y sintetizadores con melodías que bailan y se enredan en cada canción. Cosas extrañas que solo se explican estando allí, y escuchando “Demogorgon”, tercer tema del viaje.

“Cisne negro” precede a lo que a la postre sería uno de los grandes momentos del concierto. La locura desatada por Druyan & Sagan. Una canción que define al milímetro a la banda y que derrocha psicodelia y rock a partes iguales.

“Alice Wonder”, por su parte, cierra este primer capítulo al piano.

En el acto 2, con Rufus T. Firefly ya cambiados de indumentaria, aparecen temas como “El halcón milenario”, la gran Loto, en la que solo faltó que Kevin Parker de Tame Impala hubiese cantado con ellos para redondear este homenaje. El bajo de Miguel de Lucas se hace especialmente notorio con este himno en clave de psicodelia.

Pero lo que es un verdadero homenaje a todo lo que significa y a la razón de ser de la banda madrileña viene representado en la canción “Un breve e insignificante  momento en la historia de la Humanidad”, con la que hacen darte cuenta de que muy pocos grupos en la actualidad son capaces de crear una atmósfera tan rebosante de buen rollo.

Después de “La última noche en la Tierra”, es el turno para que Lina de Morgan, también ella sola al piano, cierre esta segunda parte del concierto.

El acto 3 viene de la mano de esa versión de los Beatles,  “Lucy in the sky with diamonds”, que tanta gloria les ha dado, para pasar a dar la bienvenida a Julián Maeso, otro mago de los teclados, que se atreve con “San Junipero”, con la que queda patente la calidad musical del toledano, que es capaz de hacer que algo bueno sea todavía mejor. Acid jazz del bueno en tu cara, un auténtico lujo para los allí presentes.

Zahara cierra el acto 3 y entramos en la recta final del concierto. Último acto, dentro del corazón de la magnolia. Fin de fiesta con la grandilocuencia de canciones como “Nebulosa Jade”.

Víctor Cabezuelo está exultante y flotando  con cada canción que nos brinda, y eso se transmite y se contagia.  Por eso cuando suena “Magnolia” ya todo el público es banda y este himno se canta como si fuésemos su coro.

Con “Rio Wolf” llegamos al mar de la tranquilidad. No hubo bises, solo aplausos. Todos los colaboradores salieron al escenario a despedirse junto a la banda.

Un concierto que quedará en el recuerdo y con el que se despiden para descansar un tiempo, merecidamente.