Joy Eslava, 14/10/2016

Los Manel tienen mucho tirón. Eso era lo que, a simple vista, venía a confirmar la sala, que presentaba un lleno hasta la bandera. La gente se mostró entregadísima desde que salieron al escenario, y es que había muchas ganas de ver a los catalanes y escuchar tanto los nuevos temas de su reciente Jo competeixo, como sus grandes clásicos. Suenan muy bien, sus letras son también literatura y consiguen animar al colectivo con suma facilidad.

Guillem iba describiendo los paisajes de cada canción, antes de tocarla, para situarnos y saber exactamente lo que sentían ellos y poder transmitirlo de una manera más eficaz. En medio de las canciones de su cuarto y último disco, como “Arriba l´alba a Sant Petersburg”, el “L´espectre de Maria Antonieta” o “Cançó del dubte”, que el público ya conocía y coreaba, iban cayendo clásicos como “Vés bruixot!”, pero fue al final, con temas como “Boomerang” y “Ay dolors”, cuando pudimos presenciar un fin de fiesta épico. Atención a la recta final: “Serotonina”, “Al mar!” y “Benvolgut”.

Al terminar, la gente no paraba de corear “no n’hi ha prou” (no es suficiente). Querían continuar con la fiesta mediterránea creada por el cuarteto barcelonés en pleno corazón de Madrid. Reaparecen con “Jo competeixo”, la canción que da título al disco, para saciar (aún más) a un público totalmente entregado y que recibiría, en un segundo bis, los temas con los que por ley deberían acabar cualquier concierto de Manel. Nos referimos a “Teresa Rampell” y “Sabotaje”, single del disco nuevo y ya eterno para el grupo.

Fue un concierto que dejó a los presentes una buena sonrisa en la cara y con el que quedó demostrado que Manel es una de las bandas más grandes de nuestro panorama.