Joy Eslava, 13/10/2016

Noche fresca ya en Madrid, pero a Bigott hay que verlo y escucharlo. La Joy no le recibía con mucha gente, pero los que estábamos éramos plenos devotos de este singular artista. Es verdad que ha cambiado en su estilo y su forma de cantar, haciéndose más estándar y más perfeccionada, pero en esencia sigue siendo Bigott.

Sin más teloneros que él mismo, el zaragozano salió al escenario antes de su propio concierto. ¿A qué? A echarse unos bailes y estiramientos, además de para hacerse unas cuantas fotos con aquel que se lo pidiese.

El show empieza con un extraño “She is my man”, tiempo después comprobaríamos que sería de lo poco que nos dejaría escuchar de su antigua etapa. Detrás viene “God is gay”, menos alegre que en el disco The Orinal Soundtrack (2011) y, a continuación, “Dead mum walking” de This is the begining of a beautiful friendship (2010). Son temas grandes, pero que adaptados a su nueva era cuesta un poco más aceptarlos.

Entre canción y canción escuchamos sus parrafadas y su apología al yoga y al Instagram. Es un cachondo. Los asistentes, a sabiendas de no estar escuchando lo que ellos esperaban, se van calentando y animando, contagiados por este gurú del buen rollo y la risa constante.

Pronto empieza a desgranar algunos temas de su reciente All my friends are dead, como “Hang” y “Happy flan”. Los alterna con otros de discos anteriores como “Baby lemonade” y “We make sense”. Tocó bailar un poco con su “Gipsy loop” antes de poder deleitarnos con “She´s gone”, el último hit de Bigott. También hubo una versión de The Cure, con bola disco en el techo incluida, dando un ambiente único a la sala y encandilando a los allí presentes.

El repertorio que sigue pertenece ya a ese Bigott 2.0 con el que Borja Lando parece sentirse como pez en el agua. Caen “It’s ok”, “Coming soon”, “Have you ever seen”, “Pavement tree”, “At the end”, con la colaboración de algún niño que se animó a subir al escenario para participar en una fallida coreografía, y “Canibbal dinner”, con la que puso fin a la primera parte.

El primer bis, con un Bigott cada vez más contento y a gusto, al igual que el público, trae otros melocotonazos del último disco como “Apple girl” y “Will anything happen”. El tema cantado por Clarín “We´ll dance” y la versión instrumental de France Gall “Poupee de cire poupee de son” ponen fin a lo que podríamos decir a esas alturas que era ya un concierto bastante redondo. Pero no se vayan, aún hay más.

Bigott nos regala “Play”, su alocado “Hairy moon” y “New York S’eveille”, para poner el broche de oro a la presentación de My friends are dead, que ratifica el periodo Jeremy Jay en la producción y el aterrizaje de este músico genuino y diferente a un escenario musical más clásico y menos extravagante que su antigua versión.