Sala Siroco, 30/03/2016

Hay días que se antojan especiales sin tener la menor intención. Por muy bien o mal que puedan empezar, nunca se sabe cómo terminarán, guardándose siempre una sorpresa final. Salvo que tengas una cita con Ana Fernández-Villaverde, o La Bien Querida, como prefieras. Entonces, sabes que el resto del día no importa y que todo va a ir bien.

Eso mismo es lo que sucedió en Siroco, coincidiendo con el lanzamiento del Ciclo oríGENES, organizado por la mencionada sala con la colaboración de Radio3. La cita era de las que ponen a uno nervioso. Un concierto acústico de La Bien Querida, esa mujer con un don especial que enternece y subleva a partes iguales, con la contundencia y sensibilidad de sus letras acompañadas de melodías que dejan al aire las fortalezas del norte contagiadas por la predisposición folclórica del sur, después de haber sido subrayadas con falsa electrónica sin raíces; aquella que es capaz de convertir la ingenuidad en sensatez y, sobre todo, la que tiene la virtud y el defecto de hacernos retorcer de gusto con el mimo de su voz, incluso desafinando.

El aperitivo corrió a cargo de Álex Casanova, el gallego que no deja indiferente con su versión más electro-pop de la decadencia de una movida ochentera más que gastada. Y entonces apareció ella, escondida tras su negro flequillo que acentúa la palidez de su maquillaje, con vestido celestial jugando a ser la protagonista de una casa de muñecas rodeada de bares de tapas y prostíbulos de mala muerte. Y al cuello, su inconfundible de doce cuerdas deseando reinventar su set list.

Para empezar la noche tira de su álbum debut, aplaudido y elevado al nivel de acontecimiento estatal; suena “Los estados generales” para romper el hielo. No es un concierto acústico cualquiera. Sintetizadores y David Rodríguez a la guitarra le acompañan mientras nos presenta lo que vamos a presenciar. Un concierto dividido en tres partes que se traducirían en hits, rarezas y versiones.

La impaciencia de los espectadores se traduce en aplausos, silbidos y gritos. Vamos, que queremos que empiece y no termine. Hubo hueco para sus 3 LPs, no faltaron “Queridos tamarindos”, ni la contundente y tierna “9.6”, así como “Corpus Christi”, “Sentido común” o “Arenas movedizas”, que nos hacían mirarla fijamente, contagiándonos de la aparente sobriedad a pesar de estar todos rendidos a sus pies.

Cuando menos lo esperábamos, llegó el turno de las versiones, sorprendiéndonos con un inesperado tema de Franco Battiato. Continuó y nos descubrió la belleza de algunas canciones que solamente nos vienen a la mente en aquellos momentos de fiesta en los que nos apetece hacer un pequeño homenaje a la versión kitsch-folclórica que todos llevamos dentro. Espectacular versión de “Como una ola” con la que nos deleitó, reinventando a Rocío Jurado y haciendo también de “Ese hombre” parte de su repertorio irrepetible.

No le pareció suficiente, así que decidió que era buena idea invitar al evento a Julio Iglesias. Nos trajo su rancia sombra con “Hey!” y “La vida sigue igual”, clásicos tan añejos que en boca de La Bien Querida se podrían convertir en tus canciones favoritas, y lo sabes. Y al fin llegaron los hits. Sí, obviemos las versiones. Los mejores momentos los reservó para el final, con el protagonismo de Premeditación, nocturnidad y alevosía (Elefant Records, 2015). Nos inundó de ternura y sencillez con “Vueltas”, “Muero de amor” y la maravillosa “Poderes extraños”, sin olvidarse de su obra maestra “De momento abril”, con la que acabó por meternos hasta el fondo de su bolsillo y puso punto y final a una noche irrepetible con “A veces ni eso”.

Nuestro eterno agradecimiento a J y a Antonio Luque por haber animado y empujado a Ana Fernández-Villaverde a convertirse en La Bien Querida.