Joy Eslava, 31/03/2016

Extraño choque de sensaciones al que nos enfrentamos. La Habitación Roja colgó el cartel de “no hay entradas” pocas horas antes del comienzo del concierto, lo que confirmaba lo que el 2015 nos había adelantado. Son, sin duda, banda estandarte del indie estatal, pues llenar una sala como la Joy Eslava no lo consigue cualquiera.

Antes de saltar al escenario, en el ambiente pesaba la impaciencia ante la inminente publicación de un álbum sobre el que poco se sabía. Los comentarios que se escuchaban eran apuestas sobre si tocarían el disco nuevo completo, si harían un repaso de sus clásicos mezclados con nuevos temas o si directamente era más fácil dejarse de tonterías y esperar que hiciesen lo que les diera la gana. Y así fue.

Salieron tras la cortinilla negra, Jorge imponente en traje rojo, saludo discreto, gritos de expectación. El nuevo disco se acababa de descorchar, comienzan con un canto a su tierra, suena “L´Albufera”. Y tras ella, el resto de canciones que completan el décimo álbum de la banda que continúa inundando la atmósfera de nostalgia para aquellos que aún viviendo un momento dulce recuerdan un pasado mejor, de melancolía por todo lo que ha quedado atrás y de amor para los románticos de manual.

Sonaron “La vida es muy corta”y “Sombras en la oscuridad”. El público escuchaba ansioso pero el ambiente se veía decaído, momento que aprovecharon para justificar su apuesta arriesgada de presentar un disco sin haber sido publicado. Pero no importó, se aventuraron con la balada “Al querer”. Y como ya conocen a su público, la sala se vino arriba al escuchar seguidos los acordes de “Febrero”, “La segunda oportunidad” y “Taxi a Venus”. Ahora sí era La Habitación Roja que todos habíamos ido a ver.

La prueba de fuego de Sagrado Corazón (Mushroom Pillow, 2016) era el primer single que nos dejaron escuchar. “You gotta be cool” se coló en el repertorio como homenaje a quienes habían conseguido que los menores pudieran acceder a los conciertos, momento que aprovechó para hacernos saber que sus hijas estaban allí, arropando a un papá orgulloso que domina como nadie a sus fans. El tema que se presentó como la primera canción del verano de la banda y que nos haría bailar como posesos, no fue tan así pero desde luego no nos dejó indiferentes.

El ambiente estaba justo como lo querían los valencianos. Tras ésta, le tocó el turno a 24 de marzo, la favorita de Jorge Martí, que canta en estudio con Zahara, lástima que por incompatibilidades de agenda no pudo asistir. No faltaron “Voy a hacerte recordar”, “La moneda en el aire”, “De cine” o, cómo no, “Indestructibles”, antes del amago de despedida. Y la sala a punto de reventar.

Reaparecen en escena. Y si Morrisey se cambia de camisa, Jorge no es menos y se cambia el traje. Negro sobrio para un final apoteósico. Sólo restaban 3 canciones para tocar el disco entero, cosa que no hacían desde el 98 en directo y dejaron para la última de esta tanda “La deriva continental” que hizo bailar hasta a los camareros.

Sabíamos que Jorge, Pau, Jose, Marc y Jordi no nos podían dejar así. Después de más de hora y media de espectáculo, reservaron los últimos veinte minutos para darnos el mejor final. “Si tú te vas”, “El eje del mal” y el que es sin duda su himno, el mejor de los finales, el apocalipsis, el desenfreno: sonó “Ayer” y el mundo se acabó. Jorge fue manteado, voló sobre nuestras cabezas, con caída y susto incluidos, y ninguno de los que estábamos allí podíamos ni queríamos cortarle las alas.