La Casa Encendida, 07/04/2016

Cientos son los pensamientos que se agolpan en la cabeza cuando de lo que se trata es de ordenar las ideas y plasmar en unas líneas las imágenes, ilustraciones mentales, conceptos y tropos culturales tras vivir (que no simplemente presenciar), una performance de El Niño de Elche vs Los Voluble en su inteligente apuesta músico-visual RaVerdial. Y, dicho sea de paso, para que quede impreso en la psique de los lectores, en este caso no sólo hablamos de música, hablamos de un fenómeno cultural nacido en el sur que una mente despierta no debe dejar pasar.

Empecemos por definir un poco qué es RaVerdial, para entender el juego de palabras al que nos enfrentamos. Los verdiales son unas manifestaciones festivas muy interesantes de antiquísimo origen propios de la provincia de Málaga. Se trata de un muy particular fandango acompañado de violín, guitarras, pandero y crótalos. Fueron Los Voluble quienes empezaron a experimentar y samplear con violines en La Casa Invisible de Málaga. Y la vida les acercó, porque así tenía que ser, a Francisco Contreras, a.k.a. El Niño de Elche, un artista que ha hecho grandes y tácticos movimientos para llevar el flamenco a entornos inexplorados.

En el marco del festival sevillano Zemos98, donde los hermanos Pedro y Benito Jiménez (Los Voluble) llevan años construyendo un discurso a través de lo que llaman Political Remix, El Niño de Elche actuó junto a bulos.net, y fue ahí donde comenzó esta fructífera amistad. RaVerdial comenzó con esta unión, donde, dando un paso más y tirándose a la piscina, llegan a definitivas conclusiones artísticas materializándose en un prodigioso co-working flamentrónico. Y hablando de materia, y sumando encuentros en Sevilla, Barcelona, etc. donde empezaron a fusionar verdiales con bakalao, todo toma un camino de concreción en la Bienal de Flamenco de Sevilla, donde según me han comentado (por desgracia no estuve), los conciertos terminaban en improvisadas fiestas con reminiscencias raveras entre los naranjos del bello conjunto arquitectónico del Monasterio de la Cartuja. En 2015, y como era de esperar, el proyecto explota tras su presentación en el festival de electrónica europeo por excelencia: Sónar.

El jueves pasado, y con motivo del ciclo Electrónica en Abril, nos dimos nuestro paseíto por la Casa Encendida en Madrid, donde nos citábamos un buen puñado de mitómanos ansiosos de electrónica y controversia, y con RaVerdial confluían estas dos tentaciones de la naturaleza. Su arriesgada apuesta es una explosión performativa en la que, desde el primer golpe de voz, una profunda y potente melopea flamenca, dejaba mascar en el ambiente un vaticinio en estado de pre-ebullición lo que había de venir. Y lo que había de venir no era otra cosa que El Niño de Elche muy bien acompañado por Los Voluble, en su magistral encuentro artístico que aúna, como ya en primera persona hemos podido constatar, techno y flamenco, tradición y vanguardia, cultura y contracultura, folklore y bacalao, oído y vista, política y humor (a veces negro), familiaridad y shock. En definitiva, una bien construida fusión. Como comentaba un amigo tras salir del concierto: “es la evolución natural de No Me Pises que llevo Chanclas y Technotronic”.

In crescendo, subiendo todavía lentamente la pendiente de una montaña rusa antes de ser lanzados hacia loopings de subidones flamencos, electrónicos y de declaraciones políticas, allí estábamos de pie, con los ojos bien abiertos como suricatos ante un demandado y gustoso peligro. No, no podíamos apartar la vista, dejar de escuchar o no vivir aquello con todos los sentidos: el sonido, las imágenes, los acertados y pretendidamente oportunistas textos que ocupaban las pantallas… Todo es una invitación a la reflexión, a la crítica, al arte, al humor y al placer. Para ciertas cosas, y aunque todos los presentes fueran capaces de entender la fricción creada entre diversos panoramas culturales: uno tan arraigado, histórico y en el ADN de los andaluces como la Semana Santa o las fiestas populares, otro, como la mismísima ruta del bacalao, hace falta (según me susurraba una amiga al oído mientras todo aquello pasaba) ser andaluz para que ese choque te produzca un escalofrío consentido, que finalmente apruebas y te resuena. Pero su discurso se expande a otros lares, o lodos complicados, como esa transición de la que somos inevitables herederos, lanzando una fabulosa y necesaria sugerencia: “Make your own transition”, planteamiento del que se desgrana una ineludible pregunta que queda abierta: “Who still wants to obbey?”. Casi nada. Ahí queda eso…

Parece justo recordar la canción-protesta de los 60 y 70 reinventado en un nuevo género digno de viral propagación, mientras se suceden las bases techno, la increíble voz flamenca de El Niño y las declaraciones apoyadas en algún instante por sonidos que parecían emular el famoso tema “Nique la Police” del largometraje galo La Haine. Avanzando en el viaje performativo, y aún más alucinados por el contradictorio y paradójico torbellino de arte y política, El Niño de Elche y Los Voluble se suman al carro de los acontecimientos en boga, pudiendo leerse “Rita Maestre somos todas” mientras El Niño se quitaba la camiseta descubriendo un sujetador (alegoría de la opresión y de la identidad de género,) quizás apuntando que, quien no sea contradicción, cultura, historia, política y controversia que tire la primera piedra: RaVerdial somos tod@s.