Sí, “amiguitos”. Lo decimos totalmente en serio, pero no en el sentido literal, claro. El “amiguitos” es cosecha de El Kanka, que se refería de esa manera tan afectiva al público. Y es que podrá no ser el más virtuoso con la guitarra, podrá no ser el que mejor canta, pero todo eso él ya lo sabe y, no sólo eso, sino que sabe cómo sacarle partido. Y lo hace tirando de carisma, que de eso sí que va sobrado el malagueño, de saber hacer y de buenas letras. Letras cargadas de humor, que hablan de temas muy reconocibles para todo el mundo, letras finas y perfectamente hiladas, escritas con el buen gusto de quien sabe de lo que habla porque lo ha vivido. Y si encima se rodea de una banda que entiende el concepto y que, además, participa de él y se involucra tanto o más que el artista en cuestión, el resultado solo podía ser un conciertazo.

Que hubiera llenado dos días consecutivos y colgado el “no hay entradas” desde hacía semanas no era casualidad. Venía con su gira De pana y rubí y consiguió hacernos viajar a nosotros también, esta vez por diferentes estilos musicales: cumbia, funky, bolero o ska. Todos eran bienvenidos a la fiesta. El Kanka estaba muy agradecido y se le vio disfrutar en todo momento, incluso cuando se le acabó la pila de su guitarra y tuvo que abandonar por un momento el escenario. La banda se lo pasaba en grande también (mención especial para las percusiones de “El Manin” y para la guitarra de Álvaro Ruiz) y, con ellos, los asistentes, que salimos de allí con un subidón de energía considerable, canturreando estribillos y con una sonrisa de oreja a oreja.

Te seguiremos la pista, Kanka, de eso no hay duda.