El festival vitoriano Azkena Rock Festival, que se ha celebrado este pasado fin de semana en su entorno habitual, a escasos 15 minutos andando del centro de la ciudad y con unas vistas privilegiadas a los montes de Álava, vuelve a dejar muy buenas sensaciones, sobre todo durante su segunda jornada.

Y es que el sábado los noruegos Turbonegro ofrecieron un concierto de esos que pasarán a formar parte de los más memorables que se recuerdan desde su nacimiento en 2002. 

La banda liderada por Pål Erik Carlin, de la que muchos ya esperábamos un gran recital tras lo visto en Gasteiz Calling hace un par de años, dio un golpe sobre la mesa combinando hard rock, entrega absoluta y mucho sentido del humor. Con esos ingredientes, los de Oslo se metieron al público en el bolsillo desde los primeros compases. Sonaron impecables de principio a fin y arrasaron con todo al tocar canciones como “City of Satan”, la coreada hasta la saciedad “Get it on”, “All my friends are dead”, el medley “Bohemian Rhapsody / We will rock you” de Queen y “The age of Pamparius”, entre otras.

Lo que vivimos en la tarde del sábado en el escenario secundario es justo lo que debe tener toda actuación de rock, y por eso creo que Turbonegro han sido los grandes triunfadores de esta edición del ARF.

Pero, ojo, no fueron los únicos que merecen ser estacados. También derrocharon profesionalidad por los cuatro costados Chris Robinson Brotherhood, el brillante nuevo proyecto de este ex Black Crowes que ya es un viejo conocido de los asiduos al festival. Durante la jornada del sábado ofrecieron un setlist que repasaba sus seis discos hasta la fecha y el protagonismo se lo repartieron, a partes iguales, guitarras, teclados, armónica y la característica voz del mayor de los hermanos Robinson.

Pero vayamos por partes…

Una vez finalizada, podemos concluir que la jornada del viernes no fue de las más memorables que un servidor haya podido vivir en un Azkena Rock Festival, y ya van unas cuantas. El caso es que gran parte de la culpa la tuvo que el supuesto plato fuerte del día pasó sin pena ni gloria por el escenario principal. 

Una pena que el bueno de Van Morrison nos ofreciera un show descafeinado e impersonal que parecía más propio del Festival de Jazz de la capital alavesa que de un festival de rock de la talla del que nos ocupa. Le faltaron decibelios, rugidos, repertorio y, sobre todo, actitud. Ni siquiera grandes himnos como “Gloria” o “Brown eyed girl” consiguieron maquillar el despropósito. De hecho, fueron muchos los que optaron por visitar otros escenarios visto lo visto.

Por suerte, hubo también sorpresas en el sentido opuesto, y es que este festival siempre se ha caracterizado por la buena imagen que han dado grupos pequeños en múltiples ocasiones. Es el caso de The Sheepdogs, que deleitaron al personal por partida doble con su rock puramente setentero, y Rival Sons, que también aprobaron con nota. 

Otra de las notas positivas del viernes fueron Dead Cross, que sonaron implacables de principio a fin. Como nota, señalar que dentro de ese cóctel compuesto por grandes dosis de velocidad, metal y hardcore, tuvieron el detalle de rescatar para la ocasión el “Reign in blood” de Slayer. Como era de esperar, Dave Lombardo lo bordó. 

Y poco más que destacar de esa primera jornada, aunque he de reconocer que tanto Girlschool, que a pesar de ser incorporación de última hora derrocharon entrega y buen hacer, y The 5,6,7,8’s, que demostraron ser mucho más que “las japonesas de la canción de Kill Bill”, me sorprendieron gratamente. Lamentablemente, no puedo decir lo mismo de MC50, que si bien estuvieron correctos y no se dejaron ninguna de sus grandes joyas en el tintero, tampoco me terminaron de poner los pelos de punta. Y eso es lo que uno quiero cuando tiene enfrente a Wayne Kramer y ese equipo de gala del que se rodeó.

Lo de la segunda jornada fue otro cantar. Además del espectacular show de Turbonegro hubo otras actuaciones de renombre. Por ejemplo, la de los donostiarras Nuevo Catecismo Católico, que tuvieron que lidiar con un sol de justicia a las seis de la tarde y unos The Lords of Altamont que la estaban liando muy parda en el escenario principal a esa misma hora. Aún así, estos punk-rockers que empezaron en esto hace 25 años, ahí es nada, gozaron de una convocatoria nada desdeñable y lo agradecieron con un brillante y preciso repaso a su discografía. 

Mientras tanto, The Lords of Altamont, con un “Jake The Preacher” Cavaliere en estado de gracia hacían lo que mejor saben hacer. Poner aquello patas arriba a base de garage-rock sesentero y otorgando gran parte del protagonismo a su omnipresente órgano Farfisa. Poco más tarde eran Berri Txarrak los que gozaban de una tremenda acogida, algo digno de destacar si tenemos en cuenta que en los estrictamente musical no son un grupo muy “azkena”. Pero ya saben que la tierra tira y mucho. El trío de Lekunberri estuvo a la altura, especialmente cuando optaron por rescatar clásicos como “Ikasten”.

Otros que dejaron el pabellón muy alto fueron Mott The Hopple, que sorprendieron a base de ejecuciones perfectas a medio camino entre el rock y el rhythm and blues. Conectaron especialmente con los asistentes con “All the young dudes” y “Sweet Jane”, como era de esperar. A continuación llegaba otro de los grandes nombres de esta edición, la norteamericana Joan Jett, que cumplió y consiguió dibujar una sonrisa en sus acólitos mientras sonaban himnos generacionales como “Do you wanna touch me”, con el público totalmente entregado.

Una vez confirmado que la que fuera líder de The Runaways estaba en plena forma, tuve la suerte de toparme con WolfWolf en el Trashville. SU propuesta me pareció de lo más suculenta, simple pero adictiva. Fueron muchos los que se animaron a bailar con su garage-punk-blues machacón. Por desgracia, lo de The Beasts of Bourbon fue justo lo contrario. Con un show soporífero hasta más no poder, nos obligaron a refugiarnos con Carlos Vudú y el Clan Jukebox para recordar parte del cancionero más brillante del desaparecido Tom Petty, que estuvo muy presente en esta pasada edición del ARF.

Y con esto y unos Gluecifer que salieron con muchas ganas a pesar de la hora, se acabó lo que se daba en una edición plagada de sorpresas. La primera no tuvo nada que ver con la música, sino más bien con la meteorología. El sol y las altas temperaturas daban una calurosa bienvenida a aquellos que salieron pitando del trabajo el viernes para enfundarse su atuendo rockero y empezar a disfrutar de un fin de semana cargado de rock, pintxos y buenos momentos.

Otro de los detalles que me ha llamado especialmente la atención ha sido el hecho de que el cartel ha contado con más representantes de Euskadi que nunca. Y es que un guiño a lo local siempre es de agradecer, sobre todo si eso implica poder disfrutar de actuaciones de grupos tan destacables como Nuevo Catecismo Católico, Berri Txarrak o The Allnighters, junto a nuevos talentos como Mamagigi’s o Tutan Come On.

Por otra parte, volver a remarcar que fue un gran acierto lo del escenario Trashville y que este año, a diferencia de anteriores ediciones, el sonido ha estado de diez, exceptuando momentos muy puntuales. En cuanto a los números, señalar que en torno a 32.000 personas se concentraron durante las dos jornadas en las campas de Mendizabala.

Cubiertas las previsiones de asistencia al festival por parte de la organización (esperaban entre 30.000 y 35.000 asistentes), podemos dar por hecho que habrá una decimoquinta edición y que ya está haciendo salivar a más de uno gracias a la primera confirmación, Wilco. Los de Jeff Tewedy serán unos de los protagonistas del Azkena Rock Festival 2019 y a lo largo de los próximos meses iremos conociendo los nuevos nombres que nos harán vibrar los días 21 y 22 de junio del próximo año.