Con mujeres comenzó la cuarta edición de Flamenco Madrid, y con mujeres terminó en la tarde del domingo este festival que se pronuncia este año Con M de Mujer.

Ha sido casi un mes de baile, toque, magia y cante (aunque ha habido más que en ediciones anteriores, desde aquí pedimos que se le conceda más protagonismo a esta disciplina), durante el cual hemos podido disfrutar de numerosos estrenos absolutos, y de propuestas artísticas de lo más variadas.

GALA INAUGURAL #CONMDEMUJER (16/05)

La gala inaugural, presentada por el director artístico del festival, Ángel Rojas, supuso un excelente pistoletazo de salida para este maratón que ha puesto a prueba la afición del público madrileño. En ese sentido, chapó por el lleno absoluto del primer día.

Nos recibía Enrique Pantoja, acompañado al piano por Pablo Rubén Maldonado, con una introducción en la que su “aje” y el recuerdo a Lola Flores fueron lo más destacado.

En ese momento se abría el telón para dejar ver la alineación titular de la gala. Once mujeres y tres hombres ocupaban el escenario acomodados en una hilera de sillas. Y como no podía ser de otra manera, personificaron el concepto e inspiración de esta castiza edición con la interpretación grupal de “la violetera”.

Dos Marías (Mézcle y Vargas) fueron las encargadas de inaugurar la ronda de actuaciones por grupos con unas seguiriyas que las de Sanlúcar interpretaron con muchísimo gusto acompañadas por Joni Jiménez y Luismi Manzano.

Montse Cortés y Aurora Losada ponían el punto nostálgico de “La Noche”.

María la Coneja y Mayte Maya volvían a lo serio con una caña que bailó la primera y cantó la segunda.

Desde el público aparecía Encarna Anillo para llevar al escenario las letras de Violeta Parra.

Y también desde el patio de butacas se levantó Blanca del Rey para defender el teatro con unos versos que recitó con tanta naturalidad que por momentos parecían improvisados.

Al teatro iría mucha más gente si pudiera verse más a menudo lo que se vio a continuación. ¡Jerez en Madrid! María Terremoto, como máximo exponente de la nueva generación de artistas, y Tia Juana la del Pipa, como estandarte de la pureza, tuvieron un mano a mano de bulerías por soleá que no perdió jondura ni cuando Tia Juana se tuvo que colocar el micro en el escote por un fallo de sonido.

Parece que ese gesto de naturalidad de la jerezana abrió la caja de la comedia de la noche e hizo de transición al siguiente bloque. En él, aparecían Maui, Naike Ponce y La Shica, representando un graciosísimo y colorido sketch, con una magnífica escenografía por lo efectivo y con un público ya totalmente entregado al disfrute.

Rocío Bazán y Pablo Rubén Maldonado se acordaron de Don Antonio Chacón y de su palo más madrileño con los caracoles.

Y justo antes de que al público le diera tiempo a cansarse, ¡llegó el fin de fiesta!

Por bulerías y con todos los artistas sobre el escenario, como debe ser.

QUÉ PASARÍA SI PASARA (17/05)

Al día siguiente, y en la misma sala Guirau del Teatro Fernán Gómez, pudimos disfrutar de un gran derroche de arte, humor y flamenco del bueno.

Vimos un público en pie y agradecido por lo que regalaron los artistas, con un espectáculo redondo en el que combinaron el flamenco con el teatro, la crítica social,… Y todo ello desde el prisma del humor.

Es de destacar la calidad interpretativa de El Junco, David Palomar, Riki Rivera y Roberto Jaén, además de la versatilidad que demostraron en escena; todos hacían todo y muy bien. Sin duda, cuatro artistas con mayúsculas y un espectáculo de mucha calidad a la par que totalmente recomendable.

El primer estreno absoluto que disfrutamos fue “Bailaoras, el nuevo tiempo” con Rosario Toledo, La Piñona, Mercedes de Córdoba, María Moreno y Carmen La Talegona.

Cada una bailó lo suyo, pero todas estaban presentes en cada pieza. Mercedes de Córdoba empezó por tarantos, sobre un escenario convertido en un cuadro de Mondrian gracias al ingenio de los técnicos de luces.

La Talegona llenó el escenario con una soberbia farruca. Duelo de fandangos a capela que sin duda “ganó” El Galli para continuar.

Los escalofríos llegaron con las alegrías de María Moreno. Precioso espectáculo con bata de cola y mantón que parecía en ocasiones una danza de cortejo de algún ave exótica.

Por poner un pero al montaje, diré que resultaba un poco desconcertante la ligazón entre una actuación y la siguiente, de manera que los cantaores tenían que rematar con sus “oles” para pedir los aplausos del público.

Se enfrió un poco la cosa con las seguiriyas. El cante no dolía, y aunque La Piñona se paraba cuando tocaba y se movía con lentitud, no transmitió (por lo menos a mí) ese dolor característico del palo más negro.

Remontó el espectáculo con la Alboreá que Rosario Toledo hizo con gracia, pero quizá le sobró la guinda final que puso Enrique el Extremeño, haciendo un alarde de su extensión como cantaor, con una recopilación de cantes “en desuso”.

CON-SECUENCIA (25/05)

El 25 de mayo Alfonso Losa presentaba en Madrid CON-SECUENCIA. Cómo su propio nombre indica, es el resultado de una vida dedicada al estudio de la técnica y el flamenco. Alfonso es sin duda el virtuosismo de la técnica elevada a su máxima expresión y la limpieza de las líneas, pero no sólo eso. Es este espectáculo el artista nos ha querido mostrar cómo es la realidad del día a día en el estudio, pasando las horas, su proceso de creación y el delirio rítmico que lleva en su cabeza y en su cuerpo.

Acompañado por grandísimos artistas como Yerai Cortés, a la guitarra, o Manu Maseado, a la percusión, y arropado por el cante de Manuel Tañé, Ismael el Bola y de La Tana, Alfonso ha demostrado por qué es considerado como una de las grandes figuras del flamenco en la actualidad.

Su baile y su estética estimulan y atrae a las nuevas generaciones del flamenco, creando escuela con un sello propio.

El gran descubrimiento para mí ha sido Manuel Reyes. Sólo su espectáculo ha hecho que merezca la pena todo el festival.

Mezcla proyecciones de él ensayando en Amor de Dios, con su baile preciso y muy muy musical, con otras proyecciones de Madrid, con una pareja de cantaores unidos por la sangre y separados por una generación, con otras proyecciones más simbólicas, con un violín y una guitarra impecables, con su familia entre el público, con un baile solo a veces y acompañado otras pero siempre sublime.

Es un genio. No es clásico pero es de lo más puro que puede verse actualmente.

La noche del estreno de Ismael de la Rosa y Yerai Cortés estuvo marcada por la falta de público en la sala Jardiel Poncela del teatro Fernán Gomez. He podido saber después que se debió a una generosa iniciativa que salió rana (muchos jóvenes reservaron entradas de manera gratuita con su abono “Jobo” y finalmente no acudieron).

“El Bola” empezó por Soleá de Alcalá. A saco, sin calentar. Con mucho gusto y sabor añejo.

Tuvo una primera parte muy buena, con cantes poco comunes y se acordó de La Niña de los peines, Gaspar de Utrera, Terremoto, Cagancho, Curro Fernández, Aurelio, Pericón, Pinini  y La Perla. Pero a partir de unos tientos que se transformaban en tangos justo al final, le pudo su condición de cantaor para el baile, y empezó a perder los matices y la musicalidad del principio. Esto quizá se debió a que en los palos poco comunes tuvo que poner más atención, precisamente por eso, y en las alegrías, tangos y bulerías de la segunda parte, se siente tan cómodo, que se dejó llevar por la costumbre del baile y perdió finura.

Todo el matiz que le faltó a Ismael, lo puso Yerai Cortés con su guitarra. Es el acompañante perfecto, es capaz de tocar lo más clásico y a la vez de sonar moderno y original cada vez que quiere. Normal que se lo rifen cantaores y bailaores. Le sobra técnica y gusto para acompañar cualquier espectáculo, incluso para atreverse con la guitarra de concierto.

“A cuerda y tacón” de Antonio Canales era uno de los momentos más esperados, y también quizá por eso, para mí, el más decepcionante.

La verdad es que me esperaba un gran espectáculo montado, con historia, rollo Carmen, o Bodas de Sangre o algo así, pero en vez de eso me encontré con algo que a veces hacen los bailaores estrella. Bailan (y muy bien) durante 5 o 6 minutos y luego dejan durante otros 10 minutos a sus acompañantes solos para que entretengan al público. Hay quien dirá que les está brindando la oportunidad de brillar a ellos también, pero para eso no hacen falta 10 o 15 minutos sin el bailaor en escena.

No digo que Canales no haya supuesto mucho para el baile, o que no sea maestro de maestros, sólo que “a cuerda y tacón” no me pareció para tanto.

Y el broche final al festival lo pusieron otras tres mujeres, Flamenca’s Trío, Antonia Jiménez, Naike Ponce y Nasrine Rahmani.

Taranta para empezar, guajira que evoluciona a tanguillos, cabal de “el pena”,…

Para cuando llega la soleá ya uno se ha dado cuenta de que Antonia toca con el flamenco más clásico como base, pero haciendo todo a su manera.

Una granaína al estilo de ¿Chacón? ¿Morente?, ¡ninguno!, al estilo de Naike Ponce.

El regalo de la noche (por raro, no por bien cantado) fue una mariana a la que le faltó un poquito de musicalidad por parte de Naike.

Después unos tangos, un magnífico solo de cajón de Nasrine, y unas alegrías que en la peculiar y preciosa voz de Naike siempre suenan a Cai.

Y al final, el fin de fiestas por bulerías con pataita de la de Sanlúcar incluída.

Así terminó Flamenco Madrid, y ya estamos deseando que llegue la quinta edición para volver a disfrutar igual que este año.