El escenario del nuevo Apolo prometía una noche íntima. No se llenó, pero el patio de butacas presentaba un ambiente estupendo para una noche de jazz. Sobre las tablas apenas tres instrumentos para tres maestros: Jaime Gutiérrez en la batería, Francisco Manuel Loque al contrabajo y David Schulthess al piano y teclados. Íbamos a escuchar a Aurora García mas desnuda que nunca.

La paleta de colores que ofrece la voz de Aurora es inmensa, la hemos escuchado cantar rock, funk, afrobeat, soul, gospel,… Supuse que su versatilidad no podría sorprenderme a estas alturas, supuse mal. “That old devil called love” fue el tema elegido para abrir boca. El sonido del teatro, impecable. Los tres músicos germinando entre algodones la melodía, cediendo el protagonismo a la voz. El piano emulando los vientos de aquella maravillosa versión de Billie Holiday. Una cápsula del tiempo que nos llevaba directamente a los años 40. Si el primer tema nos situaba en el tiempo, el segundo tema, nos situó en el mapa, concretamente en Louisiana, la cuna de la música negra. Se trata de una versión de “Do you know what it means to miss New Orleans” que nos seguía evocando a la mejor Billie.

Unas palabras para agradecer al público y cambio de tercio sin salir de Nueva Orleans. Pinturas de soul para dibujar “It’s raining” de Irma Thomas. Ella, pletórica, sin grandes alardes. La banda, sutil, discreta, arropando con sencillez, como manda el estilo. Vuelta al jazz con “Easy living”, una caricia para los oídos antes de desempolvar otro estilo, el blues. “Nobody knows you when you’re down and out” nos recordó que hay que prepararse para cuando vienen mal dadas, Aurora arranca las primeras palmas del público con su pandereta, se calienta el ambiente. Alfombra perfecta para las dos primeras colaboraciones de la noche, en un doble tributo a Sam Cooke. Primero una deliciosa versión de “Bring it on home” a dos voces con Alberto Anaut, mucha química entre ellos y final improvisado al más puro estilo de Otis Reding y Carla Thomas. Ángel Vera le daría todo el sabor blues con su armónica a un “Ain’t that good news” al que un público ya entregado volvió a acompañar con las palmas.

Un pequeño respiro para pasar a otro de los registros que Aurora mejor domina, el gospel. Solo piano y voz para deleitarnos con un medley espiritual “Motherless child – Hold on – Walk with me” acabando con toda la banda en “Keep your hands on the plow”.

Con el público ya en el bolsillo, otro regalazo en forma de vientos. Álex Serrano e Iván del Castillo, con sus trompetas, y Ernesto Millán y Martín García, con sus saxos, irrumpieron en el escenario para atreverse con una tanda de tres temas: “Saint James Infirmary”, “Is you is or is you ain´t my baby” y “Got to get you off my mind” del gran Solomon Burke. Es de agradecer que Aurora tenga tantos y tan buenos amigos, en un minuto pasamos de disfrutar de un cuarteto de jazz a gozar de una big band. Para bajar los niveles de adrenalina y ponernos la piel de gallina el cuarteto terminó el set con una espectacular versión de Gladys Knight and the Pips, “Neither one of us”. Y es que la balada soul es un género en el que se trata de transmitir sensaciones y sentimientos, y ahí Aurora se siente muy cómoda y se vuelve totalmente transparente.

No tardó el público en pedir un bis y Aurora regaló tres para irse definitivamente tras hora y tres cuartos de actuación. Para el primero subieron de nuevo los cuatro metales. Ejecutaron un tema especialmente compuesto para la ocasión por Martín García, “I can’t explain”, una canción en clave de jazz oscura, épica. Si conociera al director de la próxima película de James Bond le diría que ya tiene la banda sonora compuesta. En el segundo bis sonó “Don’t play that song for me” de Aretha Franklin. Aurora levantó a todo el mundo de su asiento y obtuvo un merecidísimo feedback en forma de coros.

La gente se hubiera dado por satisfecha con casi dos horas de concierto, pero era una noche especial así que decidieron hacernos otro regalo, “Nobody like you”, un tema de James Cleveland que hizo famoso Aretha. Otra balada soul desgarradora que hizo sacar los pañuelos a quienes todavía resistían.

Una gozada poder disfrutar de un concierto de jazz en el Nuevo Apolo, lo que vino a confirmar que uno puede disfrutar de la música en un teatro tomándose tranquilamente un refresco. Hay gente que cuando el sonido falla se queja. Pues cuando no falla nada hay que decirlo también, excelente el trabajo que permitió a los músicos regalarnos una noche muy especial, esperemos que no única.