Por mucho que nos apasione todo tipo de música, a algunos nos da reparo coger un libro de casi quinientas páginas sobre la vida y obra de siete compositores románticos del siglo XIX y principios del XX. Pero cuando el autor nos sumerge, de manera magistral, en sus pensamientos, nos guía a través de las mejores obras musicales que ha dado la humanidad, y nos hace percibir los sentimentales de los compositores, es fácil no poder dejarlo hasta las últimas líneas.

Intentad desplazaros a hace doscientos años. En pleno siglo XIX, donde el romanticismo estaba al orden del día. El sufrimiento, la soledad, el pesimismo y, solo a veces, la alegría, se truncaban en los sentimientos de los artistas e intentaban plasmarlo en sus obras. Haced el esfuerzo mental de cambiar vuestro coche por un carruaje de dos caballos. Los últimos chismorreos de los protagonistas de televisión por los murmullos de cómo Brahms se enamoró de la mujer de Schumann. La agitación por el último videoclip de Beyonce por el estreno de la nueva ópera de dieciséis horas de duración de Wagner. La mala educación en los medios de Justin Bieber por la irritabilidad de Beethoven ante cualquier persona interesada por su vida. Los chismes de la enfermedad de Charlie Sheen por la sífilis contraída por Schubert junto a su amante Franz. La nueva revisión de la última película de Batman por la nueva visita musical a la obra de Goethe. El intento de suicidio de Sinead O’Connor por el de Schumann tirándose al Rin,…

Cómo podéis comprobar el mundo no ha cambiado tanto. Y este libro nos hace recordarlo, y nos demuestra una vez más, a través de la literatura, que los problemas actuales no son tan diferentes a los de antaño. Sin saber muy bien si es novela, ensayo o biografía musical, Xavier Güel, director de orquesta clásica, nos ayuda, con una narración en primera persona, a introducirnos en las mentes de estos genios de la música (Beethoven, Schubert, Wagner, Liszt,…), rescatando su correspondencia personal, sus diarios íntimos, testimonios contemporáneos, documentos reales, etc.  Sacando al exterior sus más secretas obsesiones, compartiendo con el lector el amor por una de las más bellas artes. Como el propio autor dice: “Este libro tiene que ser cantado en lugar de ser leído”. Sí es cierto que tiene algunas licencias históricas, pero es bonito pensar que así ocurrió de verdad. Todo un estudio que nos adentra en las mentes más destacadas de la música romántica alemán.

beethoven

La novela arranca en el lecho de muerte de Beethoven. A su lado, Franz Schubert, que tiene la oportunidad de entrevistarle, no solo sobre sus mayores obras, sino también por sus amores, especialmente por su “Amor Inmortal”, al que le dejó toda su fortuna después de su fallecimiento y que, a día de hoy, todavía no se sabe exactamente a quién se refería como “Amor Inmortal” (un servidor siempre pensó que se refería a la música directamente). También alaba y maldice a Dios, ya que por un lado cree que habla a través de su música, y por otro le impone el peor castigo que le podría haber dado, la sordera. Recuerden que la Novena Sinfonía, posiblemente la mejor obra musical de todos los tiempos, la escribió completamente sordo. Franz Schubert narra su romance con su amigo Franz von Schober, y cómo ambos visitaban, sin control, los mejores prostibulos de Viena. De hecho, fue entonces cuando los dos amantes contrajeron sífilis. Parece ser que los “Franzs” no se perdían una fiesta. 

Otro capítulo aborda a Schumann, consumiéndose en un hospital psiquiátrico después de un intento de suicidio arrojándose al Rin. Mal intento de quitarse la vida, amigo. Éste rememora los acontecimientos más importantes en su vida en el sanatorio, como la lucha por su amor con Clara, su única devoción aparte de la música. Cabe decir que la señora era un poco ligera de cascos, que no se quería perder ningún tren, y que se terminó enamorando de su amigo Brahms, entre los descansos de los recitales de piano, mientras que su marido componía las mejores obras de piano desde el hospital. Schumann termina cediendo a su cónyuge a su amigo Brahms en el lecho de muerte, pero no solamente le cede su mujer, sino que también le da su relevo musical. Momento especial el del ensayo, cuando Brahms, años después, acude al entierro de Clara, con cirrosis, analizando sus mejores obras.

wagner

Durante el estreno de “El anillo del nibelungo”, obra dedicada a la mitología germana, Wagner repasa los 28 años que tardó en escribir dicha obra, tiempo que sorprende, ya que la obra es corta, unas dieciséis horas repartidas en cuatro óperas. Si el lector no tiene mucho tiempo libre para escuchar la corta obra, puede consultar “La cabalgata de las Valkirias” (recordarán los helicópteros de Vietnam en la película Apocalipsis now), o la “Marcha fúnebre de Sigfrido” (utilizada en la película Excalibur, en esa escena en la que la espada sale de la laguna a manos de la dama del lago). Recomiendo también “Parsifal”. Si no se quiere morir de aburrimiento al oírla, escuchen sólo la obertura. La novela continúa con las obras para piano de Liszt. Con ellas, consiguió ser uno de los grandes de su época, incluso el mecenas de otros compositores.

Por último, y cerrando el circulo del romanticismo, la vida de Gustav Mahler, que mucha suerte no tuvo el pobre. Pierde a su hija, su mujer le traiciona, contrae una enfermedad cardíaca y muere joven, a los cincuenta años. La vida le iba tan bien que antes de su muerte piensa en destruir su última sinfonía inacabada, la décima, sutilmente llamada por el autor “La sinfonía del dolor”. Afortunadamente, la propia partitura habla a su creador ¡sí señores! como lo leen. Ésta le pide compasión y Mahler le contesta que… Perdón, esto sería spoiler. Esta locura recuerda a lo que pasó con Kafka, pero en esta historia fue su amigo y editor Max Brod quién perdonó la vida a la obra.

Este libro ayuda a conocer, o recordar, las similitudes que tienen la música actual y las del siglo XIX. Al igual que hoy podemos disfrutar con el último disco de Calexico o Amaral, hace tan solo doscientos años, podríamos hacerlo con la última sonata de Schubert o con alguna sinfonía de Beethoven. Por último, os dejo un fragmento del capitulo dedicado a Beethoven, donde se puede apreciar el entusiasmo de Xavier Güell al narrar la impotencia del sordo. Igual así se animan a leer este magnifico libro y a escuchar, si no lo hacen ya, la música clásica en todo su esplendor.

“Tendría el presentimiento de que perdería la conciencia y caería al escenario antes de concluir la obra. De repente, la orquesta dejó de tocar. Los músicos aplaudían. Yo estaba en otro mundo; las ráfagas de calor seguían golpeando mis oídos. Permanecí sentado, inmóvil. Sin sentir nada más que mis aullidos interiores. Observé acercarse a Caroline Unger, la contralto solista. Llegó a mi lado y me ayudó a levantarme; me giré y por primera vez vi al público. Vi sus caras. Sólo sus caras. ¡Habían comprendido, Franz! ¡Habían comprendido! ¡Habían conseguido arrancar las estrellas del cielo y, comiéndoselas, explotaban incendiados por su luz”.