Aterriza por primera vez en España esta banda primeriza también su país de nacimiento, Perú, al calor de otras más consagradas como Kanaku y el tigre y aprovechando, de paso, su tirón. Y llegan con una propuesta que, sin ser novedosa, sí que está bien pensada y construida y plenamente consciente de lo que es y de sus pretensiones. Los ingredientes: un poco de rock ruidoso, un toque de psicodelia, una pizca de pasajes instrumentales y un mucho de pop. Agiten bien y tendrán un “buen trabajo” significado de la expresión “bravo zulú” en navegación), una amalgama de canciones recopiladas y compuestas la gran mayoría por su líder, Esteban Bertarelli, entre mayo de 2014 y marzo de 2015. El mérito de la autofinanciación está ahí, así como el hecho de que muchos de los componentes de la banda estudian y/o trabajan paralelamente a este proyecto musical.

Producido por Christian Vargas, el hombre detrás de buena parte del indie peruano, el álbum enseguida descubre sus cartas: ruidismo, voces dobladas, mucho uso (y abuso en ciertos momentos) del reverb, capas y capas y rasgueos de guitarras eléctricas y acústicas que se van alternando. Imposible no pensar en Neutral Milk Hotel, The Smiths (esas melodías) o Belle and Sebastian (letras de marcada temática sentimental), a quienes el propio Bertarelli reconoce entre sus influencias directas. Sin olvidarnos de Los Planetas y su tendencia a la melancolía. Para muestra el botón del quinto corte, “Henry Kissinger”.

En definitiva, Brazo Zulú es un disco bien armado, que se deja escuchar con coherencia de una sentada, y que seguro gustará a amantes de las bandas citadas y disgustará a quienes busquen en él esos nuevos aires que tantas veces nos traen nuestras tierras hermanas transoceánicas.