Si alguno de vosotros, y más en los tiempos que corren, os habéis indignado políticamente en algún momento. Si, independientemente de que vuestro credo sea más de coletas o de corbatas, os habéis puesto en pie gritando cual loco al escuchar la decisión de algún político (que a veces parecemos más hinchas de equipos contrarios que gente que sólo tiene distintas formas de ver el mundo). O si incluso os habéis puesto a todo volumen una canción protesta para vocear, en estado de euforia, vuestras opiniones políticas, estáis de enhorabuena. No sois los primeros, ni, desgraciadamente, los últimos.

Aquí tenéis un libro que contiene temas y canciones para escuchar en un momento de máxima desesperación social. Political World resume en 123 canciones la crítica social-política que han expuesto a través de canciones algunos de nuestros músicos más relevantes. Dividido por décadas, doce críticos musicales, casi todos redactores de nuestra revista amiga Ruta 66, descomponen canciones que en su momento quisieron mostrar cierto desconcierto por la sociedad de su tiempo, que, como comprobaréis, no dista demasiado de nuestro descontento actual.

Desde los inicios de la música moderna, la música fue un gran aliento para los desfavorecidos. Empezando por los negros, que mientras recogían algodón reivindicaban la libertad a través de canciones primigenias de blues al ritmo del látigo del hombre blanco, hasta la aparición de artistas como nuestro Javier Krahe, recientemente fallecido, con su “Me gustas, democracia, porque estás como ausente” en la canción “Ay, democracia”. La música, desde siempre, ha servido para dar ese grito de rebeldía que a veces se hace tan necesario, y si es con buena música, pues mejor.

Political World, nombre muy bien sacado que coincide con aquella canción del maestro de la reiniciación (también conocido como Bob Dylan), nos hace pasar por la historia del siglo pasado a través de canciones protesta de algunos de nuestros ídolos musicales. En el simpático prólogo de Hendrik Röver, el músico de ascendencia alemana ya nos da una pauta para entender por qué un artista escribe una canción protesta: “Porque tiene que hacer una letra sobre algo”.

leadbelly

El libro se podría resumir citando una frase de Fito Cabrales: “Menos mal que los rifles no matan las palabras”. Quizás creamos que los mensajes reivindicativos que cantaban los músicos de antaño no representan lo que hoy ocurre en el mundo. Pero nada más incierto. Sí, señores, ya en los años 30 gente como Lead Belly o Billie Holiday “disfrutaban” de un racismo sin parangón. En “The Bourgeois Blues”, canción que se convirtió en un himno entre los negros, Lead Belly empieza cantando “os lo cuento a todas las generaciones de color” y continua contando cómo no les es posible comprar una casa en Washington D.C. debido al color de su piel. Esta canción surge tras la experiencia que vivieron Lead y su mujer en la capital estadounidense cuando les fue imposible cenar con el gran Alan Lomax por ser de una tonalidad diferente a la de las clases altas.

También nos cuenta Toni Castarnado cómo el poeta Lewis Allen (Abel Meeropol) escribió la canción “Strange Fruit” para Billie Holiday. El tema hace un símil muy particular de las frutas que salen de los arboles con los negros ahorcados de las ramas de estos en los linchamientos de la gente de color en los años 30 en Estados Unidos. Frutas raras debían parecer, como dicta la canción. En la autobiografía de Billie, llamada Lady Sings the Blues, que uno está seguro que no escribió pero que igualmente recomiendo encarecidamente, recuerda cómo cantaba en clubes de blancos esta canción para ponerles nerviosos. Incluso dicen que este tema fue el inicio de la lucha de los derechos civiles de los negros. También en estos años, el folk tuvo entre sus objetivos el denunciar la escasa demanda de trabajo en los años de la Gran Depresión. Frases como “No quiero millones jefe, sólo quiero vivir” cantaban los Almanac Singers a golpe de banjo.

Ya avanzados los 50, el maestro del rock and roll,  Chuck Berry, componía canciones que McCarthy intentaba censurar, mientras Sister Wynona Carr unía racismo y deporte en su clásico “The ball game”. Llegamos a los 60 y 70. En los Estados Unidos la juventud estaba separada entre los que destrozaban sus neuronas en los festivales a golpe de ácido y los que marchaban involuntariamente a la guerra de Vietnam porque el tío Sam les requería para defender sus “principios”. Recordemos la película Hair, donde, además de juntar música y malestar social, hablaban de esos hippies que abandonaban sus ideales para coger un arma, y que más tarde morían en mitad de la selva entre sonidos de helicópteros y punteos de Jimi Hendrix.

lennon-yokoArtistas como Joan Baez, Peter Paul and Mery, Donovan, o el propio Bob Dylan, reflejaron esta situación al versionar la famosa “Blowin’ in the wind”, tema con frases tan demoledoras como “Cuántas orejas debe tener un hombre, antes de poder oír a la gente llorar”. Curiosamente, esta canción se echa de menos en este libro. En cambio, si hablan de la canción que dicen que acabó con la guerra de Vietman: “I feel like I’m fixin’ to die rag”, también conocida “Vietnam song”, de los Country Joe and The Fish. Y tampoco caen en el olvido Buffy Sainte-Marie o Nina Simone, ésta última lidiando otra guerra junto a los Panteras Negras.

Eduardo Izquierdo, por su parte, nos cuenta la historia de esta magnifica canción estrenada en el mítico festival de Woodstook. Otros más listos huían a Canadá para no afrontar el reclutamiento, como explica el tema “My uncle” de The Flying Burrito Brothers, canción compuesta justo cuando recibieron la maldita carta de reclutamiento. Si quieren saber qué hicieron después, lean el libro. Fíjense que esta canción también valió para referirse a la guerra de Irak cuando Steve Earle presentó en un concierto esta misma canción diciendo: “Si las cosas siguen igual, esta canción cobrará sentido”.

Pero la guerra no era el único al que recurrir para componer canciones protesta. Hasta los Beatles en el 65 con su “Taxman” usaban la música para dar queja a la hacienda pública. George Harrison escribía muy sutilmente: “uno para ti y diecinueve para mi / porque soy el recaudador”. Otros, como la reina del soul, Aretha Franklin, con su maravilloso “Respect”, luchaban por la igualdad de sexos, como escribe Xavier Valiño, destacando que “una mujer de color pedía un poco de respeto y, al mismo tiempo, mostraba su poder”, aunque paradójicamente había sido compuesta por un hombre, Otis Redding. De la diferencia entre las dos versiones habla con detalles Xavier, léanlo que no tiene desperdicio. Hasta Elvis se unió a la denuncia social con “In the Ghetto”, pidiendo a la humanidad que no dé la espalda al problema de los guetos sociales. Totalmente de acuerdo con la opinión de Manel Caleiro, cuando comenta en su texto que Presley debió elegir este tema por su musicalidad y no por su mensaje, ya que, como opina un servidor, el rey era muy poco propenso a pensar más allá de su chupa de cuero y sus movimientos sexys.

whos-nextCómo dejar atrás, en el apartado a los años de 70 a John Lennon, al que le ponía más una manifestación que unas buenas posaderas chinas. Se podría escribir una enciclopedia de todas las canciones que hizo este hombre luchando por las clases más desfavorecidas, pero el libro se centra en “Working class hero”, canción musicalmente perfecta, sólo voz y guitarra, en la que imita a Bob Dylan claramente. Como cuenta Manuel Caleiro, “es un canto al individuo, a ser tú mismo, sin dejarte de influenciar por los demás”, quizás la mejor canción protesta de todos los tiempos. Tampoco se podía escapar Pete Townshend de The Who, con su “Won´t get fooled again”, perteneciente a su álbum Who’s next, (sí, el de la portada con los propios Who orinando sobre el monolito de la película 2001: Odisea en el espacio de Kubrick). No deja de ser curioso que un hombre que escribe el himno generacional de “My generation” años mas tarde escriba esta canción, que viene a decir que cualquier revolución, con el tiempo, termina por no conseguir cambiar nada.

Lo que se echa en falta es la canción española con su lucha contra la censura en los años del generalísimo. Sorprende que no se mencione a ninguno de aquellos cantantes con melenita y patillas que se jugaban, como poco, un par de días de calabozo con sus canciones coñazo pero protesta. Si se nombra a Cucharada, autores de “Social peligrosidad”, grupo con letras cargadas de mensaje social y la voz madura de Manolo Tena como signo de distinción.

Entrando en la década de los 80, Bob Marley pasa a ser uno de los artistas más reivindicativos del momento, con su rastafaris y su “Redemption Song” aclamando libertad y redención de todo un pueblo. Parece difícil encontrar mensaje en grupos como Kraftwerk, pero ahí está. Concretamente, en el disco Computer World, que lejos de ser un ensalzamiento a los ordenadores, nos propone todo lo contrario, un mensaje cautelar de ellos.

pony bravo

Y llegamos a nuestro tiempo, en el que, como bien saben, no estamos viviendo una etapa de plenitud política precisamente, ni mucho menos. Aparece “Presidente” de la Vacazul, en la que Zabala canta a Bush cosas que harían vomitar a una cabra. A ellos se suman Nacho Vegas, Los Enemigos y el simpático Quique Gonzalez, por citar unos pocos. Pero de todos los autores que nombra el libro pertenecientes a esta maravillosa década, me quedo con Pony Bravo y su maravilloso “El político neoliberal”, no sólo por su crítica apabullante hacia esta nuestra política, sino por su gran sentido del humor a la hora de cagarse en la madre de todos los dirigentes. Como dicen ellos mismos: “nos reímos de los políticos porque ellos se ríen de nosotros”.

En resumen, se trata de un libro que no se puede leer con las dos manos, y no porque sea un libro para adultos, sino porque te obliga a estar conectado con alguna librería musical para estar escuchando los temas según se habla de ellos, ahí radica parte de su encanto. Y no les destripamos más porque lo que queremos es que disfruten tanto de su lectura como lo ha hecho un servidor.