Con la puntualidad de un reloj suizo, digo sueco, los Shout Out Louds llegaban hora y media tarde a la sala Cool Stage de Madri. ¿Los culpables? Los retrasos aeroportuarios. Y es que el concierto empezaría a las 23:00h cuando estaba programado para las 21:15h. El quinteto de Estocolmo se presenta con prisas, pidiendo perdón por el retraso y con el tema bandera de su último disco, Easy my mind (Sony Music, 2017), “Paola”. Pues ya está todo perdonado.

La sala es un tanto fría y es cierto que, de no haber estado llena, los suecos podían haberse sentido desarropados, pero, por suerte,cuentan con incondicionales y no necesitaron mucho esfuerzo para que con “Very loud”, de su primer disco Howl Howl Gaff Gaff (Bud Fox, 2005), los asistentes se se echaran a bailar y saltar.

Adam Olenius maneja a los suyos como el director de una orquesta sinfónica, diciéndoles cuándo tienen que bajar, tranquilizarse o estallar como una bomba. “Jumbo jet”, el otro gran hit de su último trabajo, relaja el pistón de salida y va calmando la euforia provocada anteriormente. Mientras, y viendo sobre lo buenos que son, pienso con pena en las canciones que se quedarán en la maleta del aeropureto y que seguro debían haber salido hoy con el resto de himnos.

Cómo no, se aparece la figura de Robert Smith mientras suena “Normandie, perteneciente a su Our ill wills (Bud Fox, 2007) en una especie de “Friday I´m in love” a la sueca. De ese mismo disco y con la gente ya en éxtasis, se atreven con “Impossible”. Quédate quieto si puedes. Y de regalo “Hard rain”, para hacer el hat-trick de su, a mi parcer, mejor disco hasta la fecha.

Estaba claro que reduciendo considerablemente la duración de la actuación, Shout Out Louds ya irían a por las gordas. Ya lo decía la Orquesta Mondragón. Suena “Go sadness”, que hace aterrizar a la gente y sirve para ir concienciando al personal de cara al siguiente vuelo, que nosotros no perderíamos, su mítica “Please, please, please”, ambas de su disco debut. En este momento, el bueno de Adam decide activar el modo karaoke y la gente le hace los coros con absoluta precisión.

Dicen hasta luego, pero no se lo creen ni ellos. Solo 45 minutos de concierto y sabíamos que a la hora tenían que llegar sí o sí. Y efectivamente, cuando ni siquiera habían llegado a entrar en el camerino ya estaban en el escenario con un par de temas más. Broche de oro con su himno indiscutible, “Tonight I have to leave it”, que hace que los allí presentes se despidan con una buena sonrisa en la cara a pesar de que 30 minutos de show se quedaron en el aire.

A su favor hemos de decir que esta banda es especial y que cumplen a rajatabla eso de que lo bueno, si breve, dos veces bueno.