Tras las sombras de su anterior disco Ashes & Fire (PaxAm,2011), Ryan despierta, deja crecer sus cabellos, saca la naftalina de la cazadora vaquera y sube las persianas para que el sol llegue hasta su rincón creativo, iluminando todo el material incluido en este nuevo álbum, con producción de su amigo y compañero Mike Viola.

Ryan parece haber pulsado el botón reset para regresar con un disco que perfectamente podría pertenecer a su primera etapa. Las limpias melodías de rock americano coquetean con medios tiempos que encajan a la perfección unos con otros, remitiendo a obras de Tom Petty e incluso a los orígenes de Bruce Springteen. Sonido americana del de toda la vida, sin líos, directo y sencillo a la par que contundente.

¿Para qué complicarse? Su música consigue dar un salto hasta los años 80 y se trae la maleta llena del sonido y la estética característica de esa década, adaptándolo a nuestro tiempo con la clase y elegancia que le preceden. Hay que prestar mucha atención al nivel vocal de este disco, donde quizá haya tenido mucho que ver las influencias declaradas de The Velvet Underground o The Smiths. Como curiosidad, señalar que su amigo Johnny Depp rasga con el garfio su guitarra en “Kim” y “Feels Like Fire”.

Una nueva obra en esa montaña rusa que es la discografía de Ryan, quien, aunque de forma intermitente, sigue sorprendiéndonos con esa versatilidad que le caracteriza a la hora de abordar cualquier palo del rock americano. No es un álbum perfecto, pero sí redondo.