El quinteto madrileño vuelve a hacer de las suyas en el formato en el que se sienten más cómodos, el EP. Su cóctel de garage, surf y punk sucio nos sigue conquistando como en anteriores entregas, y eso es algo que hay que celebrar. Vamos, que dan ganas de irse a pasar una temporada a esta isla donde la cerveza y la mota forman parte del menú diario de cualquier familia que se precie.

“Fumar, beber y romper” contiene todos los elementos que definen a esta banda en algo menos de tres minutos. Un riff pegadizo, urgencia en las guitarras, gargantas desgañitándose y una buena dosis de mugre impregnando todo ello.  Esta misma inmediatez da vida a “La isla de los cuadrados mágicos”, ideal para corear y armar revuelo en las primeras filas de sus cada vez más frecuentes conciertos.

“Negro Corazón” no necesita de artilugios ni velocidad de vértigo para sonar igual de contundente y atronadora que las anteriores. Eso sí, los pasajes más ácidos los han dejado para el final. “Mi Perro” es una oda al can que sabe estar siempre ahí, un corte a medio camino entre el blues y la psicodelia. Y aprovechan esta onda lisérgica impregnada de fuzz para despedirse con “He visto a Dios”, que supera los 5 minutos de duración y eso viene a ser casi una ópera rock para un grupo de estas características.