La pareja más aclamada del subnopop se presentaba anoche en la madrileña sala La Riviera con el cartel de “no hay entradas”, algo que se hizo efectivo el día que anunciaron el concierto.

Carlos Ojete, con un vestido de raso rosa-pink, arropado por una enorme capa de terciopelo verde y un sombrero de cowboy, anunciaba la suspensión del show por el fallecimiento de su compañero Anibal Calor, que había muerto tras hacer balconing.

Poco después, Anibal bajaba del cielo en forma de ángel, resucitado para tan magno evento, mientras sonaba la primera canción del setlist, “Amiga en las estrellas”, dando el pistoletazo de salida a lo que sería una fiesta en toda regla, con un público entregadísimo y sorpresas preparadas para casi cada canción.

Con “0’60”, la canción que les permitió hacerse un hueco en el mudo de la música, provocaron el primer subidón entre los asistentes. Haciendo un pequeño ensayo sobre el subnopop y los grupos que los precedieron, como Nek o Mecano, quisieron hacer un pequeño homeneje a Ana Belén con una versión de su tema “Agapimu”, que se pudo corear a modo karaoke gracias a las pantallas.

“Gente que imita mal los acentos” vuelve a revolucionar al personal, que solo quería cantar, bailar y hacer el “subnor”. Para después continuar con lo que ya viene siendo un clásico en los bolos de Ojete Calor. Pararon el show para darse un paseo en barcas hinchables entre el público que hacía de mar mientras sonaba la canción de
Remedios Amaya “Quién maneja mi barca”. Remedios se sentiría orgullosa de tal espectáculo, no tengan duda.

Con su tema homónimo, “Ojete Calor”, una vez de vuelta en el escenario, se adentran en la senda de la fiesta y el cachondeo. Y llega otro homenaje, esta vez le toca al “Bailar pegados” de Sergio Dalma, con la colaboración de Ana Morgade, vestida de esquiadora, y reivindicando las buenas canciones de Eurovision, que ya ni se ven ni se les espera. Karaoke apoteósico, claro.

Más fiesta y coros generalizados por parte del público con “Vintage” para que después llegara una nueva sorpresa de la mano de Joaquín Reyes, que cantaría junto a la pareja “Opino de que”, otro gran hit del dúo mas sobrevalorado de la industria musical.

Palabras mayores cuando toca soltar su último y definitivo gran éxito, “Mocatriz”. Es difícil ver toda una sala llena de gente saltando y bailando en todos sus rincones, más aun cuando hablamos de La Riviera. Poco se necesita ya cuando existe esa comunión entre público y artista, pero siempre se puede echar un poco mas de leña al fuego. Era la hora de Loles León, concretamente para el featuring de “Cuidado con el Cyborg”. La actriz también participaría, junto a Joaquín Reyes y Ana Morgade en la canción con la que se nos invitaba a volver a casa “Vete a tu casa”, el “Freed from desire” versión chanante.

Con este subidón era difícil volver a bajar a la Tierra, pero para eso habían preparado un pequeño set acústico en el que Carlos, Anibal y guitarra, sentados frente a la masa, interpretaban “Sinceridad no pedida”, con pequeños esbozos de “Supermerienda” y “La gente mala”.

Tras ese pequeño remanso, un toro mecánico colocado en el escenario es testigo de hasta dónde puede llegar la poca vergüenza de Ojete Calor. Subidos en él, o más bien intentándolo, se arrancaron con el tema “Política”. Pero no se vayan todavía, aún hay más. Canciones definitivas como “Viejoven” o la merecidamente aclamadísima “Tonta gilipo” cerraron el concierto en lo más alto, dando respuesta a por qué esta pareja bandera del subnopop  tiene tanto éxito y sus conciertos agotan entradas en horas.

Un último homenaje a Rocío Jurado, con “Como yo te amo”, donde otra vez el karaoke de la sala arropó a la voz extinta de la gran Rocío y Ojete Calor cerraron filas despidiéndose de toda la gente que habíamos accedido a experimentar esa gran liturgia del subnopop.