Segunda cita de los neoyorquinos Nada Surf en la madrileña sala But. La excusa esta vez era rendir homenaje al disco Let Go, que cumplía 15 años. La sala está a reventar, y es muy probable que más de uno esté repitiendo lo vivido el día anterior. No es de extrañar, Nada Surf es un grupo muy querido por el público de aquí, algo recíproco.

Millennials había pocos, pero, no se engañen, la gente que había mantenía intacto su espíritu adolescente. El combo se presenta en forma de quinteto: junto a Matthew, Ira, Daniel, los tres de siempre, estaban Doug Gillard, a la guitarra, y Louie Lino al teclado.

El show empieza a las 20:30h clavadas, horario merienda-cena. Arrancan con el orden establecido en el disco homenajeado. Esto significa que “Blizzard of 77″ sale a la palestra. Le siguen “The way you wear your head”, “Fruit Fly” y “Blonde on blonde”. A continuación, Matthew y su castellano cogido con alfileres, nos dan la bienvenida y se presentan. Siempre es bueno tener a mano a Daniel Lorca para que ejerza de traductor de su colega, aunque a él tampoco creas que se le entiende demasiado bien.

El concierto va cogiendo cuerpo y poco a poco se empieza a desvanecer la quietud generalizada del personal que abarrota la sala gracias a temas como “Inside of love”, con el que la gente empieza a corear este himno power pop. Siguiendo con el protocolo de Kioto, toca escuchar “Hi-speed soul” y “No quick fix”. Ahora ya el que permanezca quieto tiene que hacérselo mirar. Las canciones suenan frescas como el primer día, y es que aunque hayan pasado 15 años, tanto el grupo como el disco, mantienen la esencia y la vitalidad que les ha acompañado todo este tiempo.

Bajamos el ritmo, porque como ya habréis previsto, les toca el turno a “Killiam’s red” y “La pour ca”, la canción en francés cantada por Daniel. Con ellas nos acercamos al final del disco, pero no del concierto. “Happy kid”, una memorable “Treading water” y “Paper boats” ponen el broche de oro a este bonito homenaje que los Nada Surf le han rendido al tercer disco de su impecable carrera. No sé si es el mejor, pero, según ellos, es el más significativo.

Una hora de reloj después del inicio, el grupo se despide y nos piden un descanso para retirarse al camerino y volver con otro vestuario sonoro, ya con el Let go bien repasado.

Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas… ¡ja!. Los cinco salen de nuevo al terreno de juego como si no hubiesen tocado antes una hora. Abren con su ya mítica “Cold to see clear”, perteneciente a su último disco de estudio hasta la fecha (You know who you are, 2016). “Teenage dreams” suena después y la gente va tomando conciencia de que lo que está por venir. Va a ser un tsunami de hits y lo saben.

A partir de aquí, el disco mejor parado va a ser The proximity effect, que cumple estos días 20 añitos y no es precisamente uno de sus trabajos más aclamados. Quizás se tratase de un homenaje en cubierto, porque tocaron, para sorpresa de algunos, la mía por ejemplo, “Dispossession”. También cayeron “Firecracker” y “Amateur”.

Antes de esta última, los neoyorquinos se marcaron “Stalemate” del primer disco (High/Low, 1996), cogida de la mano de “Love will tear us apart” de Joy Division, dejando un bonito regalo en formato post-punk para los allí presentes. “See these bones”, tema incluido en Lucky, cierra esta segunda parte en la que la gente ya está completamente entregada y preparada para la prórroga si la hubiese, que la hay.

La traca final tenía que reunir canciones todavía más épicas que las que habían sonado, que ya era difícil, pero será por himnos… De eso van sobrados los amigos de Nada Surf. Nos regalan la aclamada “Popular”, que curiosamente ya es menos popular que “Always love”, que se la come y hace que la gente la coree como si de un karaoke se tratase.

El cierre, como viene siendo habitual en sus últimos conciertos, viene de la mano de “Blankest year”, cantada a dúo con el público y con su omnipresente “Fuck it” como seña de identidad. Venid cuando queráis muchachos, siempre seréis bien recibidos.