Mónica Vázquez es Electric Nana. Sí, la madrileña aquella que alcanzó un enorme éxito de la noche a la mañana de la mano de Carlos Jean y su Plan B. Ahora, tras recorrer un largo camino, parece haber encontrado su pasión en la literatura. Su debut lleva por título El arte de romperlo todo (Suma, 2017) y viene a contarnos la historia de Miranda, una historia que podría ser la tuya o la mía y que se desarrolla a medio camino entre Madrid y Edimburgo. Lo demás dejamos que nos lo cuente ella misma…

La protagonista de tu primera novela se llama Miranda pero no tardamos mucho en darnos cuenta de que Miranda podría ser cualquiera de nosotros. ¿Cuando te dio a ti por romperlo todo?

Confieso que he lo he roto todo varias veces en mi vida. Estaba estudiando un doctorado en Lingüística para ser profesora de universidad cuando me dio por participar en el Plan B, por las risas, y terminé dejándolo todo por la música. Hace unos tres años, más o menos, dejé el sello de Muwom y Carlos Jean detrás, y decidí que la música volvería a ser un hobbie para mí, sin más. Obviamente el plan no funcionó: a los seis meses firmaba con RLM. Y este año, en mayo, decidí que retomaría las riendas de mi propia vida y haría lo que siempre quise hacer: dedicarme a la escritura. Ha sido un viaje muy caótico, pero tremendamente emocionante. Me siento muy afortunada de haberme podido permitir tantas oportunidades, tan distintas, y seguir con ganas de probar cosas nuevas. Y para crear algo nuevo, tienes que romper con lo anterior. Inventarte a ti mismo de nuevo. Y sienta estupendamente, la verdad.

¿En tu caso fue en sentido figurado o literal?

He roto mi vida, mis planes, mi futuro, varias veces. Pero esta última decisión de dejar la música y dedicarme a la escritura ha sido la más difícil, la más profunda y la que más miedo me ha dado. Y ha sido genial. Me he liberado completamente del terror que me daba el fracaso, el no ser lo suficientemente buena para los demás, no dar la talla según parámetros ajenos. Y es la primera vez en años en la que me miro sin juzgarme, sin despreciarme por no ser de otra manera. Por no ser más bonita, más exótica, más simpática, más lo que sea. Publicar este libro es la fiesta definitiva para mi maltrecha autoestima, que cada día es más mía y más gilipollas y me encanta. No puedo expresar con palabras lo feliz que estoy. O quizá sí. Quizá haya escrito un libro sobre esto mismo. Déjame pensar… (risas)

A día de hoy aún son muchos los que asocian el nombre de Electric Nana al de Carlos Jean. ¿Cómo es para ti que, habiendo pasado tanto tiempo, para muchos sigas siendo aquella chica que ganó aquel concurso online de música?

Me parece simplista, pero es lo normal. Muy pocas personas se toman la molestia de ver, cuando miran, que una persona es mucho más que un momento concreto en su vida. Lo cierto es que no soy esa chica, nunca lo fui. Escribir “Lead the way” y las demás canciones que hice para Carlos estuvo bien, pero he hecho muchas más cosas en mi vida, incluso entonces. Preferiría que supieran un poquito más de mí, que me dieran una oportunidad de ser mi propia persona, no sólo por mí, sino por todos los que han sido yo, siguen siéndolo o lo serán. Pero el mundo es el que es, y lo normal es simplificar y no pensar demasiado, que hay mucho que ver en Instagram.

El Plan B supuso un antes y un después para la carrera de Carlos Jean y le aportó un montón de cosas buenas, así que entiendo que la gente le de importancia a lo que hicimos. Y me alegro mucho por él, siempre lo hice y siempre lo haré. Para mí la experiencia fue muy, muy distinta. Pero no me fui con las manos vacías: aprendí lo que necesitaba saber para atreverme a tomar las decisiones que he ido tomando a lo largo de los últimos seis años. Aprendí a no tener miedo, y a confiar más en mis instintos. Aprendí a apostar por mí, y a no regalar mi tiempo y mi alma al primero que me los pidiera. Y a no tener vergüenza. Dios santo, la de cosas que me he quedado sin hacer, oportunidades que he perdido, por vergüenza o falta de autoestima. A la mierda todo eso. Hay que quererse más. Mucho más. Y a quien no le guste, que no mire.

También sabemos que, entre otros muchos logros, fuiste número 1 de Los 40 principales y que en 2016 estuviste a punto de representar a España en Eurovisión. No está mal para una joven madrileña con los 30 recién cumplidos.

Bueno. Podía haber hecho muchas más cosas, la verdad, pero no siempre somos libres de crecer al ritmo que queremos. ¡Menos mal que seguimos vivos y siempre nos queda mañana! Pero sí que he disfrutado un montón. Ha sido maravilloso hacer todo lo que he podido hacer. Y en el camino he aprendido a disfrutar absolutamente de todo. Puede que no siempre me salgan las cosas bien, puede que me pongan zancadillas y me caiga una y mil veces, pero no me quitarán mis ganas de ser feliz, no podrán minar mi capacidad de ser feliz. He aprendido a saborear los pequeños momentos, y a encontrar luz en la oscuridad. Y si no la hay, he aprendido a generar un chiporroteo a golpe de cerveza, sarcasmo y amigos. Así que sí: son 30 años bien cumplidos para mí.

En los próximos meses suponemos que estarás plenamente volcada en la promoción de “El arte de romperlo todo”. ¿Nos tienes preparada alguna sorpresa en lo musical o de momento lo vas a dejar aparcada la guitarra?

Lo cierto es que me he traído la guitarra a Glasgow, adonde me he venido para continuar mis estudios de posgrado, porque no sé estar sin ella. Pero no. Estoy centrada en escribir, y en disfrutar de El arte de romperlo todo, que aún no termino de creerme que exista, y que cualquiera pueda comprarlo. Es muy emocionante. Estoy que no quepo en mí.

Santi Balmes, Zahara, Mikel Izal,… Se empieza a convertir en costumbre esto de que los músicos cojan la pluma. ¿Cómo te decidiste tú a ello?

Si escribes tus propias canciones es que tienes algo que contar, y sabes cómo hacerlo. Me parece un paso natural en un cantautor. En mi caso, escribir libros siempre fue mi sueño. Empecé a escribir cuentos antes que canciones y estudié Periodismo porque lo mío siempre ha sido contar historias. Y a veces las pones en canciones, y otras veces te piden convertirse en novela. Sinceramente, nunca pensé que lo conseguiría: siempre tuve un miedo atroz a ser una terrible escritora, pero aquí estamos hoy. Y si he escrito este primer libro ha sido porque la música me enseñó a no tener miedo. La música me enseñó a ser libre, a echarle un par de ovarios a la vida. La música me enseñó a ser feliz y a darme a mí misma esa oportunidad que otros quizá no me dieron.