El último lunes de octubre nos trajo el esperado homenaje a José Menese en el Auditorio Nacional, organizado por el INAEM y Antonio Benamargo. El cartel era impresionante y estaba aderezado con la presencia de varios amigos del maestro de La Puebla de Cazalla, que se encargarían de poner la nota emocional hablando de su
relación con el homenajeado e ilustrando con anécdotas la biografía de José.

Uno de esos amigos era Juan Ramón Lucas, que hizo de maestro de ceremonias. Empezó en todo lo alto, y no lo digo sólo por el nivel de volumen que causó gran revuelo e incomodidad en parte del público que abarrotaba hasta los topes la sala grande del auditorio, sino porque para abrir boca, presentó al tocaor de cabecera de Menese, Antonio Carrión. Este salió solo al escenario, y antes de sentarse dejando vacía la silla central que tantas veces hubiera ocupado su amigo José, miró al cielo para brindar su toque al maestro morisco.

Un toque y retirada, o un cante y retirada, fue la tónica general entre los artistas que regalaron  desinteresadamente su arte, y la táctica seguida por la organización para hacer dinámica una gala que por larga podía hacerse pesada. La verdad es que, a mi modo de ver, se consiguió precisamente lo contrario, porque cuando por fin empezaba el cante o el toque, el ritmo se cortaba para dar paso a una nueva presentación, cuando no a unas palabras dedicadas al maestro por sus amigos.

Volvió al escenario Antonio Carrión con la gaditana Laura Vital, que tantas veces actuara con José, y que interpretó con voz dulce y velada, unos fandangos de Huelva cuya última letra hacía alusión a la grandeza del cante de Menese.

Hasta ese momento el volumen estaba alto y parte del público no paraba de quejarse, pero cuando corrigieron el problema, las quejas comenzaron en otro sector, ahora por defecto. En esto que sale al escenario Jorge Pardo para callar al público con unas tremendas seguiriyas y bulerías interpretadas con su flauta. Como si de un cantaor se tratase, Jorge no se alivia mientras pasea por el enorme y vacío escenario. Canta con su flauta y la letra del cante son sus respiraciones a compás.

Cuando empezábamos a coger ritmo, aparece en el escenario el juez Baltasar Garzón (abucheado por algún y alguna maleducada) para recitar el romance de Juan García. Volvemos al flamenco con dos cordobeses, El Pele y Niño Seve, que eligieron para su homenaje la mariana y la petenera, dos palos en los que José destacaba especialmente, para acabar con unas soleares en las que se les unió Jorge Pardo.

Siguieron unas emotivas palabras del profesor Pedro Martínez Montávez, quien llevara el cante de Menese a la universidad autónoma de Madrid. La nota desagradable la puso un maleducado interrumpiendo al entrañable anciano para pedir más volumen.

Continuó el toque de Tomatito con el Chicharito y Diego Amaya por bulerías. José Mercé con Tomatito otra vez, aludió a la pureza como cantaor de José Menese y cantó por soleá. El Jerezano cantó bien, como siempre, pero no llegó a traspasar (quizá por tiempo) esa fría barrera que el auditorio interpone entre el artista y su público.
Jose María Velázquez, leyó un poema suyo dedicado a José.

Carmen Linares y Miguel Ángel Cortés volvieron a poner las cosas en su sitio por soleá, con una letra que le gustaba mucho a José “Presumes que eres la ciencia….” Y con otro cante que llevaba por bandera el maestro de La Puebla, la Toná.

Y llegamos por fin a una de las partes con más enjundia de toda la gala, el cante por seguiriyas de la joven María Terremoto, que haciendo un alarde de potencia, arrancó los oles más sinceros y generalizados de la noche. Es curioso por inusual hoy en día, no por injustificado, que a la heredera del cante del gran Terremoto de Jerez, le pase como a su abuelo, y que cuando sale a cantar, los demás artistas se quedan en el lateral del escenario para escucharla. Tal es la curiosidad que despierta entre sus compañeros, que podríamos decir que, a su temprana edad, es ya artista de artistas.

Tras el descanso Fanny Rubio con sus palabras, y Paco Ibáñez con su música volvieron a recordarnos que allí estábamos para honrar a uno de los más grandes del flamenco. Y como con flamenco es como mejor se hacen esas cosas, aparecieron en escena La Macanita, Manuel Valencia, Chicharito y Diego Amaya, para poner el punto Jerezano con unas geniales bulerías.

Le tocó el turno a Génesis García, biógrafa de José, que dio paso a la tanda de rondeñas de la noche. La primera interpretada por la preciosa voz de Rocío Marquez y la guitarra de Miguel Angel Cortés, y la segunda por la solitaria guitarra del maestro Rafael Riqueni.

Marina Heredia con Miguel Angel Cortés por tangos fueron los encargados de poner el broche final a la parte musical que tantas veces nos había dejado con ganas de más a lo largo de la noche.

Al pobre Miguel Nuñez, amigo de Menese, le tocó la difícil tarea de cerrar el chiringuito cuando ya se había dicho casi todo sobre lo buen artista y mejor persona que era José.

Personalmente, muchas veces me he cruzado con José Menese en mis sueños, unas veces me enseñaba él a cantar, otras, estando yo con amigos empezaba a cantar, y la voz que se escuchaba era la de José, otras, me cantaba él a mí en privado… y aunque la gala del lunes 29 no fuese tan emocionante como mis sueños, se agradece una iniciativa tan noble, y el merecidísimo homenaje que se le rindió al maestro.