Acudamos a ese remanso, cálido y familiar, al que nos transporta la música de Damien Rice. Por más que suenen sus canciones, esas letras cuidadas, lejos de saturar, se convierten en necesidad.

El cantautor irlandés, trovador contemporáneo, ha emergido de su silencio con un regalo: un trabajo personal, pero evolucionado. Un disco que se construye a sí mismo, y que encaja, premeditadamente o no, en una escena musical que pide más del interior del artista que de las convenciones explotadas hasta la saciedad. Tras ocho años de espera, y sus dos anteriores trabajos O y 9, el listón y las expectativas estaban muy altas.

¿Ha cumplido? Más que eso. El miedo a que Rice se desvinculase de su estilo tras el paso de los años está infundado. Ha crecido en el equilibrio de su distinción, añadiéndole variedad. Basta darle unos segundos a las primeras notas del tema “It Takes A Lot To Know A Man” para reconocer no sólo su voz rasgada, melancólica y serena, sino sus bellas bases instrumentales que saben fundirse en un todo con la letra. Ambas características, puntos fuertes de Rice, se extienden a lo largo de todo el disco.

Ésta, junto con otras siete canciones inéditas hacen de My Favourite Faded Fantasy un regreso a la altura de la espera tan larga que hemos vivido aquellos que vimos cómo Rice se hacía un nombre ante el gran público tras colocar “The Blower’s Daughter” y “Cold Water” en la película doblemente premiada por la Academia del Cine, Closer. Y no sólo no defraudará, sino que con tan sólo una oportunidad, logrará colarse en la colección de cualquier curioso amante de tesoros musicales.