No se equivocaban quienes aclamaron su maqueta hace dos años, así como el EP publicado posteriormente por Musagre Tapes. El primer álbum de Biznaga, editado por Holy Cuervo, responde sobradamente a las altas expectativas generadas. Los primeros segundos  de Centro Dramático Nacional parecen ocupados por tambores de guerra que anuncian lo que se avecina a partir de este instante: una decena de canciones que son como diez puñetazos seguidos en la boca del estómago.

Las referencias a Siouxie and the Banshees o Dead Kennedys, y sobre todo a los enormes Parálisis Permanente, son inevitables, pero sus composiciones tienen un punto de flamenco destartalado que les confieren carácter propio. Algo que se sugiere en “Divino fracaso” y la “Caja Negra” y que se hace evidente en “Los Duelistas”, donde se desgañita Juana Chicharro y se asoman unas castañuelas.

Las letras, en castellano y trabajadas con esmero, el sonido punzante y la voz furiosa de Álvaro logran que una simple gripe parezca algo horripilante en “Fiebre”, uno de los temas más logrados del disco. Y cómo no citar “Las Brigadas Enfadadas”, todo un himno generacional; la velocidad desbocada de “Máquinas blandas” (a la memoria acude “Un Día en Texas”) y las guitarras torrenciales de “Cul de Sac”, muy al estilo de Marked Men.

Con este trabajo, Biznaga se colocan en la primera línea de esa escena deudora del punk español más killer de los 80 junto a nombres como Juanita y Los Feos, Las Venas o Vigilante Gitano, grupos que, como los de aquella nueva ola, se caracterizan por buscar una marca propia, llena de referencias autóctonas en medio del predominio de quienes se limitan a imitar con precisión milimétrica aquello que viene de fuera.