Casi un año después de que Bigott presentara su anterior All my friends are dead (Grabaciones en el mar, 2016) en la Joy Eslava, el grupo de Borja Laudo, gracias al circuito de conciertos de SON Estrella Galicia, hacía lo propio este jueves con su nuevo trabajo, Candy Valley, en la sala 0 del Palacio de la Prensa. Mismo sitio, distinto lugar. Un trabajo que apenas había dado tiempo a saborear, pero que su público incondicional ya llevaba muy aprendido.

La conexión Bigott se establece desde el minuto cero cuando transmite ese mensaje tan espiritual de “vive lo que haces ahora” entre risas y muecas. Esto es básico para que todo su setlist que viene a continuación cuaje entre los allí presentes.

Con el “She’s my man” de su disco Fin (Grabaciones en el mar, 2009) empieza su particular show. Le acompañan Cristian Barros, Juan Gracia y, cómo no, Clarín al bajo. Su característico sonido lo-fi va de maravilla en el directo, así lo atestiguan “Happy flan” y “Apple girl” de su anterior disco, que van cogidas de la mano. En el caso de “God is gay”, perteneciente a The orinal soundtrack (Grabaciones en el mar, 2011), cuesta reconocerla sin tanto artificio.

A estas alturas, la gente está concentrada en las primeras filas y, poco a poco,  los asistentes se van esparciendo como una bomba de humo entre bailes, lo que se traduce en una mayor comodidad para todos según van cayendo canciones. “Dead man walking” de This is the begining of a beautiful friendship (Grabaciones en el mar, 2010), reclama ese espíritu Bigott que se perdió en sus anteriores trabajos, donde su voz es tan reconocible como sus movimientos de juglar.

“Baby lemonade” y “Pavement tree” le dan algo de vida al disco que produjo Jeremy Jay, Pavement Tree (Grabaciones en el mar, 2014). Antes de empezar con lo que sería el despiece de Candy Valley, Bigott se atreve con “Shes gone”, ya considerada un clásico dentro del cancionero del zaragozano.

Bigott está a gusto. Toda la banda lo está. Se siente cómodo con la situación y ese es el mejor caldo para que temas como “Atmosphere”, cantanda por Clarín, y “Moving on” se intercalen con canciones ya conocidas como “At the end” o “Cannibal dinner”, que aun sin maquillaje, sigue siendo un himno.

El concierto empieza a tocar a su fin, y lo hace con repertorio casi exclusivo del Candy Valley. Suenan “Strangers by the wall”, “Don’t know why” y “Don´t stop the dance”, que hace que la sala se desmadre como en una fiesta de fin de curso.

Y llega el momento del regalo final para la muchedumbre con la versión del “Poupée de cire, poupée de son” de la recientemente fallecida France Gall.

Bigott no falla, es Bigott.