Dice el escritor Jorge B. Ortiz que la Ley de la Gravedad “no es ningún tipo de justicia poética, tan sólo deja  las cosas donde deben estar”. De este poema ha sacado el título de su tercer disco el grupo granadino Alondra Galopa, y en él se concentra buena parte del espíritu de sus nuevos temas, no aptos para oyentes impacientes.

Ni fuimos, ni somos, ni seremos héroes mantiene las reminiscencias ochenteras de sus antiguos trabajos con el añadido que supone incorporar un sonido más oscuro y menos limpio, pero siempre desde la intencionalidad y el cuidado durante la producción.

La contraposición textual de los dos primeros temas, “Un lugar perfecto” y “Todo vale”, enfoca el mensaje de otras canciones como la propia “La ley de la gravedad”, que junto a “A ninguna parte”, sostiene el disco. Historias atemporales, como la base de sus melodías, que hablan de encontrar ese sitio que nos reconforta en un mundo lleno de egos y luchas de poder. En ésta última, además, consiguen fabricar una melodía pegadiza que construye los cimientos de la historia que van contando. Su protagonista, perdida a la vez que segura de sí misma, despierta el interés del oyente, que quiere saber más sobre las contradicciones de un viaje interior con el que es fácil identificarse.

Por su parte, “La ley de la gravedad” tiene la única letra en la que no ha participado directamente Alondra Galopa. Mónica Navarro (voz y sintetizador) y Juan A. Salinas (guitarra, bajo, voz y música) sí firman el resto de temas producidos por el propio Salinas y Enrique Bjeta. También merecen la pena “Héroe”, “Dos rayitas” y “Sin mirar atrás”, que sin ser de lo mejor de  la producción musical del grupo, acompañan bien al resto del disco.

¿La única pega de Ni fuimos, ni somos, ni seremos héroes? Si terminara después de la genial “La ley de la gravedad”, no se echaría en falta ni “Punto de partida” ni “Un lugar para morir”, canción que pretende cerrar el círculo abierto por “Un lugar perfecto”.