La guipuzcoana ha vuelto y su periplo neoyorquino le ha hecho mella. No hay más que ver Ignonauta, el corto de Raúl Santos,  o pararse a escuchar un par de temas de este nuevo trabajo para darse cuenta de ello.

Es comprensible, y hasta saludable, que haya quedado lejos aquel punk-rock adolescente que la llevó a formar Electrobikinis allá por el año 2000. Los años pasan para todo el mundo y esta evolución es prácticamente inevitable. Lo que no termina de convencerme es que también haya optado por abandonar ese country con ramalazos pop que me cautivó al descubrir su homónimo debut en forma de EP.

Sólo me has rozado me pareció un disco redondo de cabo a rabo y Espera la pálida, a pesar de empezar a dar muestras notorias de que algo estaba cambiando, aún mantenía intacta esa magia tan característica que desprende Miren Iza. Con La calma chicha, Tulsa parecen haber optado por cambiar de rumbo definitivamente, apostando por los sintes y arrinconando las guitarras (“Gente común”, “En tu corazón sólo hay sitio en los suburbios”).

Aún así, podemos salvar joyitas como “Leña”, “Oda al amor efímero” o “Alguien viene a por lo suyo”, donde nos consigue conquistar con esa peculiar forma de cantar que la ha llevado a convertirse en una de las voces femeninas de la escena independiente nacional.