Nadie conoce realmente a nadie. Esta frase se repite en más de una ocasión en Smoking Room. Una sentencia que resume la lucha de poder. El nadie conoce a nadie refleja el miedo en el mundo laboral, los recelos entre compañeros, el terror a ser despedido, la necesidad de enmascarar los intereses propios con el disfraz de la masa.

En un escenario minimalista se viven tensiones, inquietudes, contradicciones propias del ser humano. El destape de vísceras humanas trascurre en una asfixiante oficina -podría haberse desarrollado en cualquier otra atmósfera- donde la carga dramática está en el texto. Un texto escrito tal y como se interpreta. Hay puntos suspensivos, tartamudeos, repetición de expresiones. Todo está estudiado aunque pudiera parecer improvisación. Ahí radica la magia del guion de Smoking Room.

Quince años después del estreno de la película, uno de sus directores, Roger Gual, se lanza a adaptar y dirigir esta versión teatral en el Teatro Kamikaze. Todo un acierto. La película se estrenó en 2002 y pronto pasó a ser una cinta de culto, necesaria e inteligente. Hecha de manera artesanal, escrita por Gual y Julio Wallavits sorprendió y
gustó a un público exigente. Enmarcada en el cine independiente, esconde una crítica extraordinaria a la mezquindad humana y a las presiones laborales.

Gual mantiene la esencia y la fuerza del texto. La historia gira sobre la prohibición de fumar en los habitáculos de una empresa españolara recién adquirida por una multinacional. El hilo conductor del guion lo lleva un contable que no está de acuerdo con esta prohibición y comienza a recolectar firmas para que se adapte una sala a los fumadores. La lista de firmas es la que consigue devorar a los protagonistas.

Smoking Room es una obra de diálogos y de actores. Roger Gual reduce a seis los personajes, en lugar de doce que había en la película. Solo repite Manuel Morón que, junto a Secun de la Rosa, Miki Esparbé, Pepe Ocio, Manolo Solo y Edu Soto defienden con maestría cada palabra.

Los personajes que salen a escena son el reflejo de una realidad. No hay buenos ni malos. Sobre las tablas, el espectador ve con claridad la dificultad de poner de acuerdo a las personas. Ya sea con cigarrillos como excusa, en medio de los vapores de una sauna o en la intimidad de un wc.

Ficha artística y técnica

Autores: Julio Wallovits y Roger Gual.
Director: Roger Gual.
Escenografía: Almudena Bautista.
Vestuario: Santiago Tello. Iluminación: David Picazo.
Intérpretes: Secun de la Rosa, Miki Esparbé, Manuel Morón, Pepe Ocio, Manolo Solo y Edu Soto.