¡Qué bonito es hacer un homenaje a alguien cuando todavía está con nosotros! Y qué fácil fue con el Pele, prácticamente él solito se ventiló el espectáculo. Hizo de presentador para sus compañeros (bastante mejor de lo que lo habían presentado a él), dio los pocos discursos que tocaban en una noche así, cantó, bailó, cantó para el baile y bailó para el cante, estuvo alegre, simpático y cariñoso.

No sé yo si sus amigos subían al escenario para aportar su granito de arena con cada actuación, o más bien era el Pele quien les regalaba a ellos el placer de compartir las tablas con uno de los mejores y más veteranos cantaores del momento.

Él entraba, salía, organizaba, parecía que se sentía como en casa, y le daba ritmo a la velada, cosa que es de agradecer porque ya sabemos lo cansinos que pueden llegar a ser este tipo de espectáculos. Pero él estaba a gusto, y eso hacía que el resto del teatro, artistas y público también estuviéramos a gusto.

Empezó solo, solemne por martinetes con su “poeta de esquinas blandas”.

Los primeros amigos en aparecer por allí fueron Dorantes y Miguel Poveda, que le ayudaron a montar el trío perfecto para acordarse de don Manuel Ortega Juárez, Caracol. El piano de Dorantes ponía ese puntito de zambra perfecto para acompañar el cante impecable de Poveda y el Pele.

Continuó fuerte la cosa porque después salieron Arcángel y Pedro el Granaino a cantar por soleá junto a nuestro protagonista. El Pele se vio entonces flanqueado a un lado por una de las voces más flamencas de los últimos tiempos, la del Granaíno, y al otro por el gusto y la finura personalizadas, Paco Arcángel.

Y nos fuimos para “cai”. El jerezano Sorderita llegó para poner el punto de sal con unas alegrías, y la también jerezana María Terremoto interpretó “Jinete de negra capa” del disco de 1991 Poeta de esquinas blandas.

Y de la juventud de María Terremoto a la de Paco Montalvo, el violinista cordobés que puso voz de nylon con su instrumento a los tangos más famosos del Pele, “vengo del moro”.

Antes del descanso José y Encarna Anillo, una pareja de hermanos que nos devolvían al sur, sur.

Tras el descanso que comenzó con proyecciones de actuaciones del Pele, recibimos a María Toledo al piano, que después se levantó para cantar y bailar la rumba “enamorao”.

Volvieron a ponerse serios Jorge Pardo, Carles Benavent y Tino di Geraldo haciendo unas magníficas seguiriyas con el cante de Toñi Fernández primero y María Terremoto después. Quizá el tiempo que estuvieron los tres magníficos en el escenario, fue cuando más sorpresas hubo y cuando mejor fluyó todo, claro, es lo que tiene saber improvisar mejor que andar.

Se les unieron a continuación Nani y Lin Cortés, sobrinos del Pele, que le acompañaron con “el alma”, protagonizando uno de los momentos más entrañables de la noche.

El Pele empezó a acercarse a Huelva con el fandango de Rebollo “que ausentándome te olvidaba…” cuando salieron a escena Sandra Carrasco, Pitingo, Arcángel, Encarna Anillo y María Terremoto. Y aquí ya se formó la revolución! Qué bien suenan los fandangos de Huelva cuando los canta alguien de la tierra! Aunque Encarna y María no lo son, y estuvieron a la altura sobradamente. Esa tanda por Huelva se transformó en el fin de fiestas por bulerías de rigor ya con el escenario llenito de los artistas que habían acompañado al Pele durante toda la noche. ¡Fue mágico!