cristina-v-miranda1Lo que empezó como una reunión de amigos en torno al mundo del vino y la música ha acabado convirtiéndose en uno de los festivales más singulares y atractivos de la península. Por allí desfilarán este año Airbag, Tulsa, Pablo Und Destruktion, The Freefall Band, Ellos, Puma Pumku, The Wine Makers, Alex Casanova y Morrigans. El próximo 11 de Abril celebra su cuarta edición, así que aprovechamos para charlar con Cristina V. Miranda, directora del festival, sobre las sorpresas que nos deparará el Enofestival 2015, que se celebrará una vez más en el Círculo de Bellas Artes.

 ¿Cómo surgió la idea de montar un festival de vino y música?

Surgió, principalmente, por pura frustración personal. En España, que es uno de los mayores productores de vino del mundo y el país con mayor extensión de viñedos, ocurre una cosa muy curiosa, que es que no hay vino ni en los clubes ni en las salas de conciertos. Esto no pasa en ninguna parte. De hecho, te vas a ciudades como Berlín o Estocolmo y tienes vino en todas partes. Esta frustración nos llevó a organizar pequeñas catas-conciertos y con el tiempo surgió la idea del festival que, aunque no lo parezca, tiene un fin didáctico.

Uno de vuestros objetivos, si no el principal, es conseguir que los jóvenes se acerquen al vino.

Sí, es nuestro objetivo principal. Nosotros somos gente del sector del vino y nos llama mucho la atención que no se consuma nuestro producto y nos dediquemos cada vez más a las exportaciones. Por eso hay que mirar hacia los jóvenes. El caso es que siempre que se habla de música y vino, lo asociamos al jazz, y nosotros hemos querido darle una vuelta de tuerca al concepto eligiendo otro tipo de música.

A mí me da la sensación de que el vino es algo que empezamos a apreciar, en mayor o menor medida, a los veintimuchos o treintaypocos. ¿Existe alguna explicación para este fenómeno?

Esto es una tema cultural. No es que a los jóvenes no les guste el vino, simplemente hay que trabajar para que el vino vuelva a “estar de moda”. Fíjate lo que ha ocurrido con el Jägermeister, que hace unos años era una bebida que se asociaba a la gente mayor y ahora este licor de hierbas causa furor entre los más jóvenes. El problema, en cierto modo, es que el vino ahora es considerado algo esnob, parece que para beberlo es necesario entender y eso no es así en absoluto. Y está ocurriendo algo parecido con la cerveza, parece que también se está intelectualizando. Pues nosotros queremos hacer el camino inverso, desintelectualizar el vino para que se pueda disfrutar sin más.

¿Y vuestra filosofía es compatible con el hecho de que unos amigos se reúnan para tomarse unos kalimotxos en un festival?

Totalmente, siempre y cuando se consuma desde un punto de vista responsable, evidentemente. En Enofestival 2015 habrá cócteles con vino preparados por Félix Solís y es que, siempre y cuando el vino sea de calidad, se puede mezclar sin problema. Yo no soy muy fan de la Coca Cola, pero entiendo que haya gente que le apetezca tomar vino de una forma más refrescante. Por cierto, también tendremos rebujito.

¿Qué se va encontrar en la barra el asistente que acuda a la próxima edición del festival?

El vino es la base, pero habrá otras muchas cosas. De hecho, habrá tres barras y en cada una de ellas se ofrecerán diferentes bebidas. Nuestra obsesión es que el que público que acuda no vaya exclusivamente a beber en la barra o a ver a los grupos. queremos que aprendan las diferencias entre un Rueda y un Ribeiro, entre un Vivanco y un Félix Solís, entre un Rioja y un rosado de Navarra,… por eso les hemos pedido a los bodegueros que sean ellos los que estén detrás de la barra.

¿Podemos decir que música y vino se repartirán el protagonismo 50/50?

Ésa es la idea, pretendemos hacer maridajes músico-vinícolas. Por ejemplo, cada una de las bodegas que participan está ligada a uno de los grupos. Se puede decir que la música es el vehículo para llegar al vino y, al mismo tiempo, el vino te ayuda a disfrutar más de esos conciertos.

Debe haber más o menos los mismos tipos de vino que etiquetas dentro de la escena musical. ¿Tenemos que hacerle el mismo caso que a éstas?

(Risas) Sí, hay que prestarles poca atención. Las etiquetas están bien para ubicar al consumidor, ya que éste no tiene por qué ser un entendido. Pero una vez  allí lo que hay que hacer es olvidarse de todas las etiquetas y probar.

Estoy ansioso por saber cómo habéis relacionado a los artistas con los diferentes caldos.

(Risas) ¡Esto da para una tesis doctoral! Partimos de la base de que es algo muy subjetivo, pero a veces te sorprendes cuando compruebas que las personas que comparten gustos musicales suelen decantarse por los mismos vinos. Por ejemplo, a Tulsa los hemos asociado a los rosados de Navarra, a Puma Pumku con Ribeiro…

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que los consumidores de vino se posicionen. Me refiero a esos que dicen: “Yo soy de Ribera” o “Yo soy de Rioja”. Me recuerda a la rivalidad entre Beatles y Stones.

Ahora ya pasa en todas las regiones. O eres de Albariño o de Rueda, de Priorat o de Penedès. Yo creo que esto pasa porque al ser humano le fascina esa forma de pensar dicotómica, parece que necesitamos tener nuestras cosas muy divididas. Y eso que ahora hay muchas más denominaciones de origen, no como hace 30 años, que sólo estaban esas dos. Ahora, por suerte, se hace vino bueno en muchas partes de nuestra geografía.

Por último, ¿qué vino le recomendarías a nuestro lector? Imagínatelo un domingo por la tarde tumbado en el sofá con su iPad en mano …

Pues yo le recomendaría que experimentase, es mucho más interesante probar y equivocarse que ir siempre a por el mismo. Lo suyo es que cada domingo probase uno distinto, que te atrevas cada vez con uno que no conozcas. Puede que te equivoques, pero muchas veces te llevarás sorpresas muy interesantes.