Empire es el caso de una de esas series por la que no muchos apostaban en su lanzamiento pero que, día a día y tras una acertada programación, ha conseguido enganchar a gran parte del público norteamericano. Vaya también por delante que ni el hip-hop ni el rap han sido nunca mis estilos preferidos, y tampoco las series musicales son santo de mi devoción. Aun así, me convenció el factor de que los dos actores principales de la serie fueran los nominados al Óscar por Hustle & Flow y el hecho de que sé que allí en los Estados Unidos el género en cuestión tiene un peso específico y mueve a demasiada gente como para arriesgarse a hacer un bodrio.

El rey Lear 2.0

Mi primera impresión fue buena. La serie está muy bien hecha, cuenta una gran producción a sus espaldas y eso se nota. Y es que en eso los norteamericanos no tienen rival que les haga sombra. Se trata de una versión actual de El rey Lear de William Shakespeare, esa obra en la que el rey de Inglaterra decide dejar el reino a sus tres hijas y para ello las pone a prueba. Cuenta la historia de Lucious Lyon, un magnate de la industria musical y del entretenimiento, interpretado decentemente por Terrence Howard (y digo decentemente evitando ser algo más crítico, pero es que después de ver a Vince Vaughn haciendo del “capo de capos” de Vinci en la segunda temporada de True Detective, hasta una monja haría mejor de jefa del hampa), al que acaban de diagnosticar una enfermedad incurable y le dan un máximo de tres años de vida.

Bajo esta premisa comienza una trama que girará en torno a los movimientos que Lucious llevará a cabo para dejar su imperio bien atado a manos de uno de sus tres hijos. Dos de ellos, Jamal y Hakeem, llevan una carrera musical tan prometedora como la del padre, y el mayor, Dre, aunque poco dotado para las artes musicales, es el único que tiene estudios y capacidad para dirigir un gigante como es Empire, y más cuando está a punto de salir a bolsa. Además, pronto entra en escena Cookie, fenomenalmente interpretada por Teraji P. Henson (nominada por este papel en la última edición de los Emmy, aunque se lo arrebató Viola Davis), la exmujer de Lyon y madre de sus hijos, que acaba de salir de la cárcel y también reclama su trozo del pastel.

Una jugada maestra

Ya se sabe que los americanos, a la hora de decidir emitir una serie, dejan pocas cosas a la suerte. Con Empire dieron en el clavo. Apostaron por emitirla el día que se estrenaba la decimocuarta edición de American Idol, reality musical de gran éxito por esos lares. Con esa jugada, bastante habitual en el panorama televisivo, se aseguraban barrer algún que otro millón de los muchos que siguen el susodicho programa. Si a eso le sumas el hecho de que toda la música está compuesta por Timbaland, que además es productor ejecutivo de la serie, pues el hype ganó, antes de su emisión, bastantes enteros.

Otro golpe de efecto que ha conseguido la nueva apuesta de FOX es que ha colocado en prime time una serie prácticamente “negra”, algo que hasta ahora parecía estar sólo en las manos de la todopoderosa Shonda Rhimes y su  productora Shondaland, showrunner de series integradoras como Scandal, Anatomía de Grey o How to get away with murder.

Desmontando la industria musical

Hasta aquí podríamos estar hablando de una masterclass en programación televisiva pero, para mí, el principal atractivo de esta serie radica en todo lo que implica el show business o business entertainment, y en cómo nos lo muestran. Es decir, cómo desgranan los entresijos de un gran sello discográfico: las estrategias de publicación, el proceso de escritura, cómo se gestan las típicas colaboraciones de este género musical, etc. En ese aspecto la serie brilla con luz propia. Además, la producción es de una gran factura y eso se nota principalmente en decorados y puesta en escena.

Empire bebe mucho de otras series para construir sus personajes, algo inevitable. Hoy en día cualquier serie que quiera empezar con buen pie, a sabiendas o no, acaba tomando prestado, (insisto, a veces sin querer) matices, escenarios, contextos,… Así, en mi caso particular, encuentro bastantes similitudes entre el personaje principal Lucious Lyon y Tony Soprano. Igualmente, bebe de personajes reales del mundo de la industria musical (es fácil identificar a Tiana con Rihanna o al propio Lyon con Jay-Z).

Mención aparte tienen tanto los cameos como las estrellas invitadas en la serie. Abarca desde  estrellas del rap, y la música en general, como Snoop Dog, Stelle, Mary J. Blidge, Rita Ora, Jennifer Hudson o Courtney Love, hasta modelos como Naomi Campbell, que tiene un papel secundario de relativo peso, y/o personajes famosos como Cuba Gooding Jr u Oprah Winfrey. Creo recordar que desde Entourage, de HBO, no se habían vuelto a ver tantas apariciones de celebrities en una serie.

OTROS NIGGAS EN LA GRAN PANTALLA

Straight Outta Compton (2015) – El otro día leía en alguna publicación sobre este biopic  documental de N.W.A. (Niggaz With Attitude), la banda de hip-hop de Compton, California, que cambió el panorama musical a mediados de los 80, al ser los pioneros en introducir como género el “Gangsta Rap”. El grupo lo formaban por seis integrantes, entre los que cabe destacar a Ice Cube y Dr Dre. Los otros miembros originales fueron Eazy-E, que murió de sida en 1995, Arabian Prince, Dj Yella y MC Ren.

La película, dirigida por F. Gary Gray y producida por los mismos Ice Cube y Dr Dre, ha sido muy bien acogida tanto por crítica como por público, y es que, por lo visto, los actores están a un gran nivel. Como curiosidad, la aparición de O’Shea Jackson, que hace de Ice Cube y es el hijo de éste. El parecido, tanto físico como gestual, es espectacular.

Hustle & Flow (2005) – Película dirigida por Craig Brewer y protagonizada precisamente por Terrence Howard, Teraji P. Hanson y Ludacris. Cuenta la historia de un proxeneta (Howard) de Memphis que, al enterarse de que su antiguo compañero (Ludacris) ahora es un rapero famoso y ha vuelto al barrio, se lanza a grabar una demo para así poder cumplir su sueño de la infancia, dedicarse al rap. La cinta estuvo nominada a dos Óscar: Mejor Actor (Terrence Howard) y Mejor Canción Original, estatuilla con la que finalmente se hizo.

Mentes Peligrosas (1995) – Bajo la dirección de John N. Smith, contaba la historia de la exmarine LouAnne Johnson, interpretada por Michelle Pfeiffer, y que estaba basada en su autobiografía My Pose don’t do homework, en la que contaba su periplo como profesora tras dejar la marina en un instituto de Palo Alto de mayoría afroamericana y latina. La aportación de Coolio a la banda sonora de la película, Gangsta’s Paradise”, fue uno de los hits de ese verano.

Los Chicos del Barrio (1991) – El reparto corría a cargo de Ice Cube, Lauren Fishbourne, Angela Basset y Cuba Gooding Jr, meintras que a los mandos se encontraba John Singleton. La película trata sobre la vida criminal en L.A y fue nominada a los Óscar de 1991 en las categorías de Mejor Director y Mejor Guión Original.

8 Millas (2002) –  Película dirigida por Curtis Hanson y protagonizada por Eminem, Kim Basinger y Brittany Murphy. Cuenta la historia de Jonathan “B-Rabbit” (Eminem) y su incursión en el mundo del hip-hop. La película se basa en la propia experiencia del de Detroit. Fue todo un éxito de público y crítica, además de convertirse en la primera película que se llevó un Óscar a la Mejor Canción Original por una canción hip-hop.