En 1989, Christopher Joseph Ward se enfrentó a un desafío mayúsculo cuando le tocó sustituir al carismático Dee Dee en The Ramones. Contra todo pronóstico, CJ insufló nueva vida al cuarteto de Forrest Hills y brilló con luz propia como bajista y cantante e incluso como autor de un par de canciones, así que dejó buen sabor de boca entre los fans.

Ahora que los cuatro miembros fundadores de la hermandad Ramone han pasado a mejor vida y mientras Marky y Richie se dedican a dilapidar su herencia en giras absurdas, CJ está sacando adelante una carrera bastante digna con material propio. Last Chance to Dance, su segundo álbum en solitario es, en esencia, primo-hermano del que editó en 2012 con el leñoso título de Reconquista.

Se abre el disco con tres magníficas muestras de rock musculoso (“Understand Me?”, “Wont Stop Swinging” y “One More Chance”); luego la cosa decae con “Carry Me Away” (¿una canción de la guerra civil americana hecha con guitarra eléctrica?) y con otros temas languidecientes o prescindibles, pero se vuelve a animar con la vigorosa “Long Way to Go”, la rigurosamente ramoniana “Pitstop” y con el corte que da nombre al disco, simple pero eficaz.

En resumen, el bueno de Cejota acierta cuando sigue los cánones del género, aunque no descubra nada nuevo, y naufraga cuando se aparta de ellos. Los medios tiempos, insulsos y obvios, siguen siendo su asignatura pendiente, pero con los temas rápidos, Suzie podría volver a ser una headbanger.