Si hay un lugar en Madrid de visita obligada para todos los amantes de la cerveza ese es, sin lugar a dudas, L’europe. Desde hace más de 30 años ofrecen a las mejores cervezas de todas partes del mundo y los platos más demandados en las celebraciones alemanas. Por eso no es de extrañar que el objetivo de todos aquellos españoles que se han lanzado a fabricar su propia cerveza de forma artesanal sea que pinchen su producto en este céntrico establecimiento regentado por Nicolás Larraga.

Coincidiendo con el Oktoberfest, nos decidimos a recorrer la Calle Cervecera aún a sabiendas de que no iba a ser fácil hacerse un hueco en ninguno de los seis establecimiento implicados en la iniciativa (L’europe, Beergarden, Oldenburg, Beerhouse, Madriz y Kloster). El ambiente era inmejorable en todos ellos, así que lo tuvimos realmente fácil para empaparnos del espíritu oktoberfestero desde que cruzamos la glorieta de Bilbao y pusimos un pie en Cardenal Cisneros.

Primero nos dimos de bruces con Beer Garden, un espacio muy acogedor en el que poder degustar o, directamente, comprar cervezas de todos los colores, olores y sabores. Además de contar con un extenso catálogo de maltosas, ligeras, especiadas,… ¡tienen la suya propia! Se llama TBG y recomendamos tomártela allí mismo, ya que es probable que estén pinchando algún vinilo con el que probablemente haga un perfecto maridaje. A nosotros nos tocó disfrutar de un par de canciones de northern soul, y es que tuvimos que salir pitando para la perla del Oktoberfest madrileño.

En L’europe nos estaba esperando Nicolás (y todo su equipo) con los brazos abiertos. Ni siquiera habían dado las nueve pero ya eran muchos los que habían decidido empezar la noche en el templo de la cerveza en Madrid. Empezamos con unas Spaten que nos vinieron de perlas para ir entrando en calor y ayudarnos a decantarnos por una Bandeja L’europe para vivir intensamente el ambiente festivo bávaro.

Solo podemos decir que estaba espectacular el codillo asado flanqueado por un surtido de salchichas con sus correspondientes guarniciones. También ayudaron las cervezas tipo abadía y trapenses a que la experiencia fuera de diez (Leffe Roja y La Trappe Dubbel, concretamente). Y cuando pensábamos que ya era imposible que la velada fuese a más, el bueno de Jesús nos sorprendió con un Postre Europa (bizcocho de chocolate con helado de vainilla cubierto de nata) que devoramos con la colaboración de una brutalidad llamada Samuel Smith Organic Chocolate Stout. Fue una auténtica locura poder oler y saborear esta obra maestra de origen británico.

Lo normal hubiera sido que después de este final tan dulce hubiéramos abandonado el local, lleno hasta la bandera a estas alturas de la noche, pero aún nos tenían preparada una sorpresa más. No estamos de broma. Jesús nos decía que no podíamos irnos sin probar la IPA de Founders que habían pinchado hacía un rato. Como no podía ser de otra manera, le hicimos caso. Y así fue como se desarrolló una explosión cítrica en nuestros paladares que aún nos tiene encandilados.

Salimos de allí esquivando a la marabunta que aún a esas horas seguía agolpándose en la entrada y visitamos el resto de sitios que formaban parte del itinerario de la Calle Cervecera, que seguían gozando de una muy buena asistencia. Acaba el Oktoberfest, pero la calle Cardenal Cisneros seguirá abierta haga frío, calor o caigan chuzos de punta. ¡Tomen nota!