Amigos para siempre, de Adam Green
De la mano de Inverfest, el carismático Adam Green se dejó caer anoche por la capital, colgando el cartel de sold out en la mítica sala El Sol.
Pero no fue el hecho de agotar lo que más sorprendió al respetable, lo que no entraba en el guion era el pedazo de concierto que ofreció el neoyorquino, acompañado de una banda que le dejó hacer de todo. De hecho, Adam estuvo exclusivamente dedicado a cantar y a amenizar la velada con cada nuevo tema, en los que no dejaba de bailar y emanar buen rollo.
La excusa para aparecer por aquí es un EP que acaba de sacar el pasado mes de enero ‘Chop off heads with me’ (Capitane Records, 2026), que hizo valer con grandes temas como “Houseface University” o la aclamada “Falling around”. Qué bueno es Adam y qué repertorio tiene el colega, pensamos todos. Temas que vinieron a repasar desde su primer disco, cuando ya había dejado a los Moldy Peaches, como fue “Garfield”, hasta este ultimo lanzamiento, pasando por ‘Gemstones’, ‘Friends of mine’, ‘Minor Love’ o el más reciente ‘That fucking feeling’.

La sala, con mucha vieja guardia entre el público, al que hubo un frontman que les pasó por encima, fue testigo de esa inconfundible voz al mismo tiempo que se convertía en un lugar lleno de alegría y buenas
sensaciones. Todo era perfecto gracias a la comunión entre guitarra, bajo, batería, teclados y violín. Sonaba como lo habías escuchado en tu casa un par de horas antes. Impecable. Y el bueno de Adam siempre en lo más alto. Chocándola con la gente, bebiendo cerveza, bailando sin parar… Tan cercano y divertido como de costumbre.
Cuando llega la parada técnica, Green se queda solo el contra el mundo. Bueno, en realidad, se valió de una guitarra para defender un par de temas en solitario. El público no tardó en agradecérselo, porque “Bluebirds” es un himno y eso la gente lo sabe. Aunque, en realidad, todo lo que salía del ‘Friends of mine’ era oro, especialmente cuando sonó “We´re not supposed to be lovers” o cuando decidió ensamblar “Jessica Simpson” con el clásico “Eternal Flames” de The Bangles. Un smash que se sacó de la manga y que le hizo aun más grande.
Su gorra, su camiseta de rayas y su chaqueta Harrington granate era el uniforme de gala con el
que apareció sobre el escenario de El Sol, donde llegó con una sonrisa, la misma con la que se fue. Y fue entonces cuando comprendí de dónde viene la admiración de artistas como Bigott o Peter Cat Recording Co., ya que una fuente de creatividad como la suya debe ser recogida y apreciada por todo aquel que tenga una atracción fanática hacia la ironía y la música bien hecha.
Adam voló, literalmente, por la sala, sin capa y sin saber si podría aterrizar en algún momento. Pero hay un último envite por su parte: “Dance with me”. Es entonces cuando se sube al escenario todo el que cabe. Y aquello se convirtió en una fiesta difícil de olvidar. Toda la gente hermanada, no para cantar, sino para gritar eso de “Baby come dance with me”. Adiós, Adam, seremos amigos tuyos para siempre.
