En el momento de escribir estas palabras se está celebrando en la capital el Día de la Almudena. Ya saben, esa jornada en la que muchos madrileños aprovechan para acercarse a la Plaza Mayor o visitar la catedral del mismo nombre, para terminar acudiendo a sus pastelerías de referencia con el fin de hacerse con unas Coronas de la Virgen de la Almudena. Pero el 9 de noviembre también es la fecha oficial a partir de la cual ya podemos empezar a gozar del cocido madrileño.

Desde tiempos inmemoriales este plato ha tenido en las clases más favorecidas a sus máximos prescriptores. A saber: miembros de la realeza, actrices de Hollywood, escritores de renombre, políticos muy influyentes,… Sí, también hubo un tiempo en que era un plato que se comía casi a diario en las casas de las familias más humildes, pero quedan demasiado lejos esos años en los que el cocido era cosa de las clases trabajadoras. Por eso, os invitamos a realizar un recorrido por la historia de la mano de
algunos personajes que declararon su amor incondicional por este plato tan típico de la cocina madrileña del que aún hoy se desconoce su origen.

Alfonso XIII

El de Alfonso XIII fue un reinado lleno de turbulencias, por eso no es de extrañar que al apodado “El Africano” le gustase darse de vez en cuando un homenaje en forma de cocido madrileño. Eso sí, servido en bandejas de plata, solo faltaba.

Ahora bien, cuando la situación lo requería, Alfonso XIII era más de desplazarse hasta Lhardy para deleitarse con ese cocido presentado en dos vuelcos que a día de hoy sigue siendo todo un referente para los amantes de la cocina con sabor y la elegancia. Y es que para hacer frente a la sublevación de las tribus del Rif o calmar los ánimos de los nacionalistas catalanes hace falta una buena dosis de garbanzo, morcillo, ternera, gallina, pollo, chorizo, panceta, puerro, zanahoria, patata y huesos varios.

Azorín

El famoso escritor alicantino tampoco pudo resistirse a los encantos del cocido madrileño, y es que ya saben que este guiso no sabe de clases, ideologías políticas ni credos. El caso es que Azorín, de familia burguesa y acomodada, también fue uno de los asiduos de Lhardy, al igual que otros autores célebres de nuestra historia como Benito Pérez Galdós o Ramón Gómez de la Serna.

No hay más que leer Las confesiones de un pequeño filósofo (1904) para darse cuenta de que este plato estaba muy presente en la vida de Azorín y, sobre todo, en la de su tío Antonio, que engullía la carne grasa y sorbía los huesos con la misma convicción con la que el propio José Martínez Ruiz había abrazado el anarquismo en su juventud.

Infanta Isabel

Tampoco cuesta imaginarse a la Infanta Isabel, más conocida popularmente como “La Chata”, disfrutando de este manjar en el palacio de Quintana, aunque, todo hay que decirlo, ella era más de hacer take away en La Bola. Como lo oyen. Su carruaje paraba frente a la puerta de este castizo restaurante para que un miembro de palacio recogiese el guiso y lo transportase hasta los aposentos de Isabel de Borbón y Borbón.

Madrileños, si realmente queréis tener un detalle con La Chata, deberíais plantearos hacer unas jornadas del cocido madrileño en plena la calle Princesa, ya que esta calle que une Plaza de España con Moncloa recibió este nombre en honor a ella, la infanta más querida por los madrileños.

Ava Gardner

La que fuera considerada “el animal más bello del mundo” nunca ocultó su felicidad plena desde que puso un pie en Madrid allá por 1953 tras poner fin, definitivamente, a una tormentosa relación con Frank Sinatra. Parte de la culpa de ese bienestar la tuvieron los dry matinis del Chicote y Pasapoga, las fiestas en su suite del Hotel Castellana Hilton y, por supuesto, el cocido madrileño.

La actriz también era una asidua de La Bola y sus propietarios aún recuerdan que Ava Gardner, lejos de mostrar esa faceta suya fría y calculadora que siempre le persiguió, era una mujer muy campechana a la que le encantaba disfrutar de este guiso siempre que podía. Le debía gustar casi tanto como la vida nocturna de la capital.

José María Álvarez del Manzano

Sevillano de nacimiento, madrileño de adopción y cocidista empedernido. Como buen aficionado a la ópera, la zarzuela y los sonidos más tradicionales de esta nuestra España, apuesto mi reino a que se le ponen los pelos de punta cuando suena el “Cocidito madrileño” del gran Manolo Escobar.

El que fuera alcalde de Madrid durante doce años no perdía la ocasión de dejase llevar por la experiencia de la familia Verdasco en el noble arte de cocer a fuego lento y con carbón de encina. En muchas de estas ocasiones le acompañaban Alberto Ruiz-Gallardón u otros miembros del Ayuntamiento de Madrid. Incluso los guardaespaldas pasaban a comer dentro en épocas de bonanza. Eran otros tiempos, no cabe duda.

Francisco Umbral

Solía decir el de Boadilla que el escritor debe comer bien una vez a la semana, y pueden tener ustedes claro que él sabía bien dónde hacerlo, con quién y, sobre todo, qué pedir en esos establecimientos.

Cuenta la leyenda que el ganador del Premio Cervantes del año 2000 era asiduo de Lhardy, de sus distinguidos salones con adornos del siglo XIX y sus lámparas de araña. También dicen que allí solía disfrutar del cocido en compañía de buenos amigos como Camilo José Cela, quien, a su vez, también tenía cierta devoción por esta receta tan castiza. Peor él era más de La Bola, donde tenía su propia mesa, la siete.

José Luis Garci

¿Alguna vez se han planteado que hubiera pasado si Sherlock Holmes y el Doctor Watson se hubieran pasado por aquel Madrid de finales del XIX que aún estaba por hacerse a sí mismo? Pues resulta que José Luis Garci, con la ayuda inestimable de Gil Parrondo, sí lo hizo hace apenas cinco años con Sherlock Holmes: Madrid days.

En ella se puede ver a estos míticos personajes ideados por Doyle investigando un nuevo caso que les ha traído hasta la villa, así que ya se pueden imaginar la ambientación: cafés literarios, carruajes, libros de lance, folletines, grandes salones y, una vez más, los cocidos de Lhardy.

Hugo Sánchez

Si hay algo capaz de hacer sucumbir por igual a merengues y colchoneros, ese es el cocido madrileño. Y es que no hay quien se resista a esa pócima mágica que para ser calificada de sobresaliente debe estar elaborada con los mejores garbanzos de Fuentesaúco y su caldo debe estar hecho con agua de Madrid.

Hugo Sánchez, que en su día cambio al Atleti por el Real, sabía bien de las propiedades de este jugoso caldo que también ha cautivado a otros futbolistas foráneos como Kun Agüero o el mismísimo Cholo Simeone. Por eso, entre 1981 y 1992 no tuvo reparos en dejarse ver por La Bola, dónde si no.

Ahora ya sabemos de dónde sacaba el astro mexicano la fuerza para poder hacer aquellas chilenas y volteretas que era, y siguen siendo, marca de la casa.

Fernando Savater

Donostiarra de nacimiento y, como tantos otros, madrileño de adopción. Además de ser todo un referente en las labores de divulgación y crítica cultural, Fernando Savater es muy aficionado a esa sana costumbre de colocarse el babero para entregarse a una de sus grandes pasiones.

No es raro verle en Viridiana o Casa Carola, otros de los templos a tener muy cuenta si uno quiere ir sobre seguro a la hora de atreverse con un buen puchero. ¿Acaso creen que hubiera podido escribir ensayos tan notables como La tarea del héroe (1982) o novelas como El jardín de las dudas (1993) sin la ayuda de este manjar?

Enrique Tierno Galván

No sabemos a ciencia cierta si el que fuera alcalde de Madrid entre 1979 y 1986 puede ser considerado devoto del cocidomadrileñismo, pero todo apunta a que “El Viejo Profesor” se tenía esta lección de cocina tradicional más que aprendida.

El autor de la célebre frase “Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque… ¡y al loro!” era un gran aficionado a las croquetas de cocido que servían (y siguen sirviendo) en Casa Alberto, ese refugio centenario situado en el Barrio de las Letras que aún mantiene su grifo de cinco caños, el mismo que en tiempos abastecía a los comensales a base de agua con gas, agua del Canal, cerveza y vermú.

Otros cocidos con historia

  • Cocido de Lalín (Pontevedra): En este pueblo se tomaron al pie de la letra aquello de “del cerdo hasta los andares” y se lo aplicaron al cocido. Sus “Feiras de Cocido” son ya toda una institución en la comunidad autónoma gallega.
  • Olla podrida (Burgos): Este contundente guiso con la alubia roja como protagonista contaba con Calderón de la Barca y Sebastián de Covarrubias entre sus grandes defensores.
  • Cocido Maragato (Astorga): Se diferencia del madrileño, principalmente, porque se sirve al revés. Primero, las carnes del cocido. A continuación, las verduras y, finalmente, la sopa.
  • Cocido Montañés y Lebaniego (Cantabria): El primero opta por la alubia, la berza y la carne de cerdo. El segundo, por su parte, se decanta por el garbanzo y la carne de vaca o cabrito. Ambos tienen su origen el siglo XVII y se usaban para combatir el frío.